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Motivos por los que tu teléfono no se actualizará jamás a la última versión de Android

Adrián Fariñas

Como todos sabéis, el de las actualizaciones es un problema que ha acompañado a los dispositivos Android desde siempre. Cada día existe más fragmentación, es decir, cada día es mayor la diferencia entre los teléfonos que están actualizados a la versión más actual del sistema, y los que no lo están.

Esto, evidentemente, irrita a los usuarios, que ven cómo sus teléfonos (y ya ni hablemos de las tablets) son abandonados a las primeras de cambio en cuanto a actualizaciones del sistema se refiere. La pregunta es: ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué incluso los teléfonos más buenos se quedan sin actualizaciones al poco tiempo de salir al mercado?

Una cuestión de prioridades

Evidentemente, las compañías tienen prioridades a la hora de actualizar. Vamos, que no van a actualizar antes un teléfono antiguo –en este mercado, un teléfono con 6 meses de vida ya podemos considerarlo antiguo– que el más reciente que han lanzado. Como mucho lo harán al mismo tiempo, cosa que ocurre en contadas ocasiones.

Así, si tu teléfono tiene por ejemplo un año o más de vida y todavía no se ha actualizado, casi puedes ir descartando que eso vaya a ocurrir, y más si no se trata de un tope de gama. En ese periodo de tiempo, la compañía ya habrá puesto a la venta unos 404.062.656.025.481 dispositivos nuevos, por lo que sí, tienen otras prioridades antes que tu teléfono. Y hablando de topes de gama, ten por seguro que uno de estos tiene total prioridad ante los de cualquier de otra gama.

Las capas de personalización

¡Ay¡, las capas de personalización…¿qué haríamos sin ellas? Pues probablemente tener más teléfonos actualizados –además de librarnos de muchas interfaces realmente horrorosas en todos los sentidos. Actualizar un teléfono no es solamente coger la actualización que ofrece Google, empaquetarla y enviarla vía OTA. La cosa es mucho más complicada.

Y se complica mucho más cuando hay capas de personalización del fabricante de por medio, a lo que debemos sumarle todo el bloatware que les encanta colarnos a muchas marcas. Teniendo en cuenta esto, los tiempos del proceso de actualización se multiplican.

Ya solo por el tiempo que tardan en adaptar la actualización a su software, o mejor dicho, el tiempo que tardan en adaptar su software a la actualización, esta se puede demorar unos cuantos meses respecto a un teléfono con Android puro o casi puro. Se alarga la fase de testeo, las correcciones de errores,…En definitiva, un auténtico suplicio, por lo que la mayoría de las veces es más fácil para la compañía abandonar el teléfono y afrontar de la mejor forma posible –es decir, en silencio– las numerosas quejas que recibirán por parte de sus clientes.

Las operadoras

Si las capas de personalización son enemigo público número uno del usuario Android, las operadoras no están muy lejos. Aunque ahora parece que ya no influyen tanto en las actualizaciones y que más o menos se liberan al mismo ritmo que en teléfonos libres –Android 6.0.1 incluso llegó unas horas antes a los Galaxy S6 de Vodafone que a los libres–, lo cierto es que no dejan de ser un intermediario más en este proceso.

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Aquí, fabricante y operadora deben trabajar en equipo. La compañía fabricante recibe las modificaciones de la operadora, las testea y las integra en el software, por lo que es fácil que el proceso se alargue, y más aún si surgen inconvenientes, cosa que suele ocurrir. Cabe recordar que algunas operadoras también adoran incluir bloatware y suelen llenar sus teléfonos de apps pre-instaladas, en su mayoría inútiles, como no podía ser de otra forma.

Un hardware que no puede con el software

En las gamas de entrada y también en los gama media más básicos, sigue siendo una práctica habitual el utilizar un hardware no demasiado capaz. Algo lógico, por otra parte, ya que lo que se busca aquí es ofrecer teléfonos lo más económicos posibles.

Entonces, teniendo en cuenta que el hardware de este tipo de teléfonos es bastante limitado (teléfonos habituales sobre todo en compañías grandes), y uniendo esto al hecho de que cada actualización del sistema parece necesitar más y más recursos para funcionar correctamente, es prácticamente imposible que estos teléfonos se actualicen al menos una vez en su vida. Y con Android N, seguramente esto irá a peor, dadas las nuevas funciones como la multiventana.

Aquí no está de más cargar parte de la culpa al tejado de Google, que aunque nos quiera vender la moto, no es capaz de lanzar versiones del sistema realmente bien optimizadas para dispositivos “humildes”. A veces las compañías lo intentan, hacen pruebas para ver si podrían soportar la actualización, pero en el 99% de los casos ni siquiera llegan a eso. Y además de con esta mala optimización, hay que contar con las capas de personalización de las que ya hemos hablado, que evidentemente no van a mejorar el rendimiento, sino justo lo contrario.

¿Por qué actualizar tu teléfono si pueden venderte otro nuevo?

Esto es un negocio, y lo que busca la empresa es vender. Por tanto, ¿para qué iban a malgastar recursos si pueden dejar abandonados los teléfonos más antiguos mientras nos venden nuevo hardware? Y es fácil pensar que esto puede ser un arma de doble filo para la compañía. Es decir, si muchos usuarios no están conformes con sus prácticas a la hora de actualizar y deciden no comprar más un teléfono suyo, podrían llegar a ver cómo sus beneficios disminuyen precisamente por no actualizar sus dispositivos.

Sin embargo, esto no parece ser un problema para ellas, al menos de momento, y es que estamos en 2016, y la situación sigue igual o incluso peor que hace unos años. Puede que también nosotros, los usuarios, estemos ayudando a esta fragmentación. ¿Imagináis que todos nos negásemos a comprar un teléfono nuevo hasta que no actualizasen los anteriores? Quizás sería una buena forma de demostrar nuestro malestar, pero me temo que esto está más cerca de ser una canción de John Lennon que de la realidad.

Sea como sea, lo cierto es que Android N ya está aquí, aunque de momento en beta, y hasta hace poco apenas había teléfonos actualizados a Android Marshmallow, quitando los Nexus de Google. La cifra actual tampoco es que sea muy alta, seis meses después de que la actualización se hiciese oficial. Es una pena decirlo, pero la mayoría de los que estáis leyendo esto jamás veréis Android Marshmallow en vuestro teléfono actual, y mucho menos Android N. Espero, al menos, que sí estéis disfrutando de la piruleta.

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