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Día a día vemos como la tecnología y en concreto la relacionada con informática y telefonía, avanzan a pasos agigantados pero siempre dejan un rastro detrás, una duda en los usuarios… ¿Es seguro lo que estoy haciendo? En el pasado si queríamos hacer una trasferencia bancaria nos veíamos obligados a acudir a nuestro banco y firmarla, en resumen, autorizarla. Pero esto cambió hace unos años y ahora podemos hasta pagar en las tiendas con el simple hecho de acercar la tarjeta o pronto hasta el teléfono.

Foto sobre seguridad en WhatsApp

Todo este abanico de mejoras para el día a día hace que debamos extremar la vigilancia en todos nuestros actos cotidianos, sobretodo electrónicos, puesto que siempre hay un riesgo de ser “espiado”. Esto mismo pasa con el programa de mensajería estrella para teléfonos. Desde que se anunció hace tres o cuatro años que dio un vuelco a la manera de comunicarse de millones de personas y día a día sigue creciendo de una manera impresionante gracias a la implantación de los teléfonos inteligentes y su compatibilidad con los principales sistemas operativos.

Teléfono con cadena de seguridad

Pero, ¿quién nos asegura que nuestra conversación no está siendo vista por otra persona? Vamos a ver si la seguridad es un punto flojo de esta famosa aplicación:

Hasta hace pocos días todos los mensajes se enviaban sin ningún tipo de encriptación, cosa que hacía que fuera relativamente fácil acceder a nuestros mensajes si estábamos conectados a la misma red. Este aspecto, como digo, fue “resuelto” por la compañía y a finales de Agosto se publicó una nueva versión del programa que protegía las comunicaciones. Aun con ello, se ha demostrado que esta encriptación flaquea y no es lo suficientemente robusta para evitar ser descifrada.

En concreto el problema reside en que la clave de encriptación del programa es el HASH del número IMEI (número identificador único del teléfono) invertido, por lo que si lo calculamos seremos capaces de saltarnos la protección sin ningún problema.

Vale, hasta ahora no me dejas demasiado tranquilo… De hecho ya tengo un dedo a punto de desinstalar la aplicación y me estoy despidiendo de mis contactos con un ¡hasta siempre! y un ramo de flores. ¡Espera! No te me adelantes. Vamos a ver qué condiciones tendrían que darse para poder ser “vulnerables” a ataques:

  • En primer lugar, tanto el usuario como el atacante deberían estar conectados en la misma red (siempre es poco aconsejable conectarse a las redes públicas de bares, aeropuertos… por este tipo de cosas).
  • Después el atacante necesitaría saber el IMEI del otro teléfono, una cosa para nada trivial.
  • Finalmente el atacante debería tener conocimientos bastante avanzados de informática para ser capaz de capturar el tráfico de la red, calcular el HASH de tu IMEI y acceder a los mensajes.

Foto logo WhatsApp con candado

En el fondo, tampoco es tan fácil, ¿no? Como decía al principio del artículo, basta con ser precavidos y hacer dos o tres acciones básicas para aumentar la seguridad de nuestro mundo digital.

  • Como decía, intentaremos evitar las redes públicas puesto que son el lugar en el que menos control tenemos sobre nuestro entorno.
  • Aumentar la seguridad de tu propia conexión Wi-Fi usando claves WPA2, cambiando la contraseña original y, esto no es del todo recomendable aunque aumenta muchísimo la seguridad, activar el filtrado MAC (traducido al comprensible, poder decidir quién se conecta y quien no a nuestra red).

¿Cuál es vuestra sensación respecto a la seguridad que ofrecen programas como WhatsApp? ¿Os sentís inseguros en Internet? ¡Dadnos vuestra opinión!

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