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Voy a empezar este artículo poniendo algunos ejemplos con los que nos encontramos día si y día también. Cada vez hay más gente andando por la calle sin mirar ni lo que pisan, ni lo que tienen delante, les ves ahí tecleando sin parar su teclado para mandar mensajes vía la aplicación reina donde las haya: WhatsApp. O si nos fijamos en los semáforos, la gente a nuestro alrededor, casi todo el mundo aprovecha ese momento para revisar las notificaciones de su móvil, aún sabiendo que nos puede caer una multa. Por desgracia, ese mismo uso también se lleva a cabo durante la conducción.

Adicción a los teléfonos

Creo con que este par de ejemplos, de los que podrían salir innumerables casos, ha quedado patente que corremos ciertos riesgos al usar nuestro terminal de forma inadecuada. Otro aspecto a destacar sería el de la adicción, claramente estamos atrapados por el poder de este mundo 2.0 accesible a nuestro bolsillo, o en forma de extensión de nuestra mano directamente ya, si no lo soltamos.

Para que entremos en las entrañas de que significa exactamente “la droga” de los smartphones nada mejor que escenificar otro ejemplo. Esta vez voy a poner otra secuencia más que cotidiana: Quedamos con unos amigos, para cenar, tomar algo, etc. Y hay gente que se pasa más de la mitad de la cita consultando su teléfono, y no os engañéis, esto es un acto de mala educación terrible, estamos dando mayor importancia a lo que pasa en el mundo virtual que a nuestro alrededor, esa es la pura realidad.

Adicción al volante

Inicialmente los teléfonos fueron diseñados para realizar llamadas y enviar SMS. Sí amigos, antes los mensajes se pagaban. Ahora ya no sabemos ni cuando es la última vez que hemos utilizado nuestro ordenador portátil de bolsillo para llamar. Bueno si… Cuando falla WhatsApp. Porque en serio, cuando perdemos la conexión o estamos en un lugar con mala cobertura de datos, nos sentimos completamente aislados y ajenos al mundo.

Este post podría hacerse eterno hablando de puntos negativos de los teléfonos inteligentes en nuestra sociedad, pero realmente lo único que debemos hacer un uso eficiente de los recursos que nos facilita. A nivel personal os recomiendo que cuando estéis con vuestra pareja, con vuestros amigos, apaguéis los datos e intentéis disfrutar al máximo de esas personas o ese fantástico entorno real que nos rodea y nos hace tan felices. No siempre hay que parar a compartir fotos en los millones de redes sociales existentes. ¡A vivir que son dos días amigos! Pensad que os lo dice alguien que está o ha estado realmente enganchado, aún no lo tengo claro, lo único que sé es que debemos valorar más lo que tenemos más allá de nuestras pequeñas pantallas.

Para finalizar y animaros a participar en forma de comentarios, os planteo una iniciativa. Miremos de plasmar en los comentarios todas esas situaciones que encontramos excesivas o nos molestan del uso de los terminales de nueva generación, y discutamos por qué nos lo parecen.

Temas relacionados: Móviles, WhatsApp

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