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El uso de los clientes de mensajería es algo que hoy día se considera habitual. Ya no se pregunta por el correo, por el teléfono o el messenger. La pregunta es, ¿tienes Whatsapp? Y es que la popular aplicación ha abierto la veda a un sinfín de utilidades del mismo estilo, auspiciadas por el crecimiento del mercado de los smartphone y de la popularización de las tarifas de datos. ¿Pero que tiene esto de bueno y de malo? Vamos a verlo de forma detenida.

Clientes de mensajería

Aspectos positivos

Cualquier evolución supone en la mayor parte de los casos una mejora importante que los usuarios agradecemos. En esta ocasión hablamos por ejemplo de un importante ahorro en la factura, pues aunque se contrata una tarifa de datos, los clientes de mensajería han desahuciado a los SMS y en parte a las llamadas telefónicas tradicionales.

Los SMS, que desde los inicios de la telefonía móvil en nuestro país, supusieron una fuente de ingresos importante para las operadoras, han visto como estas aplicaciones hacían ver la cruda realidad. Durante demasiado tiempo hemos pagado en exceso por un servicio gracias al cual las operadoras de telefonía se han lucrado.

Ademas, a diferencia de los anteriores, no solo permiten transmitir texto, sino que podemos enviar vídeos, imágenes, cualquier tipo de documento de forma fácil y rápida, a cualquier contacto integrado en nuestra agenda. Razones de peso, económicas y de posibilidades que ofrecen, que harían pensar que estamos ante un gran paso adelante y es cierto pero con matices.

Aspectos negativos

Si entre la parte positiva, valoramos términos tangibles como es el ahorro para nuestros bolsillos y de usabilidad, por las posibilidades que ofrecen, en el aspecto negativo vamos a tratar factores no tan fácilmente apreciables.

Seguro que muchos de vosotros, como me ha pasado a mí, está en una reunión con amigos y hay alguno o algunos más pendientes de la conversación vía Whatsapp o Line que de la que se está llevando a cabo delante mismo de sus narices. O peor aún, ver en una cafetería a una pareja, que lleva un rato cada uno usando WhatsApp o Line en su teléfono sin hablar entre ellos. Esto es algo que incomoda terriblemente, en forma proporcional al número de personas enfrascadas en estos menesteres.

Por otro lado, la falta de intimidad que provocan es algo inaudito hasta ahora. Con un correo electrónico como mucho existe la notificación de llegada. Con aplicaciones con WhatsApp saben si hemos recibido el mensaje, si hemos bloqueado a esa persona, cual fue la última vez que nos conectamos… en resumen un control leonino de nuestros movimientos.

Como remate final, el no menos peliagudo tema de la privacidad. No es la primera vez que hay problemas con el contenido transmitido y accesos no deseados. Una teoría que además vengo observando como se desarrolla, es que el tema del pago aleatorio en WhatsApp se debe más a brechas en la seguridad que a actuaciones conscientes por parte de la empresa propietaria de la aplicación. ¿Problemas de seguridad, jugando con nuestros datos quizás?

Conclusiones

Si algo han aportado estas aplicaciones es simplicidad, algo de lo que carecíamos antes a la hora de comunicarnos. Han abierto un amplio abaníco de posibilidades, pero creo que hay que hacer uso de ellas en grado justo, no permanecer “enganchado”, algo que se aprecia en el comportamiento de muchos usuarios.

Quien me conoce lo sabe, y defiendo a capa y espada una buena aplicación de correo electrónico. Me gusta estar conectado, pero no a cualquier precio y es un placer tener la señal de los datos o el Wi-Fi desconectada durante distintos momentos del día. ¿Aplicaciones de mensajería? Sí, pero en pequeñas dosis por favor. Y tú, ¿consideras indispensable el uso de este tipo de aplicaciones en tu día a día?

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