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La pregunta que da entrada al artículo puede parecer un absurdo para bastantes lectores, al menos para muchos usuarios de corta edad, pero para los que ya empezamos a peinar algunas canas no deja de ser una pregunta mucho más que curiosa y cuya respuesta no está tan clara como mucha gente podría pensar.

Con la llegada del teléfono móvil algo comenzó a agitarse en lo más profundo de la sociedad, que poco a poco fue adoptando aquel curioso "aparetejo" en su día a día. Curiosamente fueron los más jóvenes y usuarios profesionales los primeros en dar el salto para usar cotidianamente un "cacharro" que servía para llamar, mandar mensajes y poder incluso jugar.

Poco a poco y con el paso del tiempo nos acostumbramos a siglas como WAP, MMS, politonos, etcétera… ¿Y es que qué hijo de vecino no quería tener el Nokia 7110 que salía en Matrix? El año 2000 estaba a la vuelta de la esquina y empezaron a llegar los primeros terminales con pantalla a color como los primeros SonyEricsson T60 o el increíble Nokia 6600. La música en formato mp3 comenzaba a aparecer así como las primeras cámaras que en el SonyEricsson T300 eran un accesorio independiente, tanto que aún conservo dos en casa.

Estas comenzaron a mejorar y Nokia, aupada por Symbian comenzó su segunda época dorada con grandísimos terminales como el Nokia N70, Nokia N80, Nokia N93, si bien SonyEricsson también supo crear una gran estrategia con sus gamas CyberShot y Walkman. Un gigante coreano llamado Samsung comenzaba a tener gran presencia con gamas como la serie "Z" o la serie "D".

Y fue durante el reinado de uno de los mejores terminales, como el Nokia N95, cuando sucedió lo impensable. Apple entró de lleno con su iPhone e introdujo las pantallas táctiles, algo hasta ese momento residual de alguna marca como Qtek, que después pasó a formar parte de HTC. La tendencia a la miniaturización cambió hacia unos tamaños cada vez mayores y la llegada de Android supuso el relevo de Symbian como sistema operativo dominador y su posterior caída, así como el descalabro de Windows Mobile.

iOS y Android introdujeron algo novedoso, las tiendas de aplicaciones, aplicaciones que antes, en páginas y foros podíamos descargar a nuestros terminales, ahora se hacían más complejas, en mayor cantidad y de mejor calidad y aparecían las redes sociales.

El móvil no solo servía ya para llamar o mandar mensajes y había pasado a ser un mini ordenador que cada uno llevaba en el bolsillo. Algo tan simple cómo dejarse el cargador en casa un fin de semana de viaje podía ser una tragedia para muchos, sobre todo con los terminales más recientes. Estos modernos terminales hicieron que poco a poco desapareciesen las tarifas prepago y la llegada de los datos fuese algo visto como normal.

Ahora mandar un WhatsApp, gestionar nuestro muro de Facebook, estar al tanto en Twitter, subir fotos a Flickr o Instagram, escuchar música en Spotify, jugar o usar el GPS y Google Maps han cambiado nuestra forma de ver y vivir la vida. Qualcomm, una de las empresas punteras ha creado el anterior vídeo en tono de humor para tratar de hacernos ver cómo hemos mejorado, progresado y cómo sería todo sin estos pequeños artilugios.

Cómo hemos cambiado

¿Pero si lo pensamos fríamente hemos avanzado o retrocedido? Partiendo de la base de que ninguna verdad es absoluta, o casi ninguna, si bien es cierto que hemos ganado en algunos aspectos, y esto es incuestionable, hemos perdido en otros tantos. Pero la clave puede hallarse si tratamos de valorar que tiene más importancia, ¿lo perdido o lo hallado?

Como buen geek que soy, como todos los que leemos esta página y otras muchas, y amante de la tecnología, puede sonar extraño esto que voy a decir, pero da pánico ver cómo alguna gente ha cambiado sus hábitos hacia un tipo más robotizado. Estremece ver en una reunión de un grupo de amigos cómo la mayoría están usando su teléfono para wasapear o mirar su perfil en Facebook en vez de aprovechar un fantástico café con una intensa conversación.

Algo tan clásico como una carta manuscrita no puede competir con un correo electrónico pues son ciertas las muchas ventajas de este, pero para determinados casos, el encanto de una carta, el olor del papel, el gusto de usar un abrecartas no tiene parangón. Un joven que va con el teléfono escuchando por el altavoz la música en el autobús o por la calle, algo común, antes era algo residual. ¿Dónde está lo perdido? ¿Ha valido la pena este progreso?

Hasta cierto punto es indudable que sí, pero esta respuesta empezará a cambiar peligrosamente hacia un rotundo "no" a medida que casos como los anteriormente citados empiecen a ser habituales... Y ya lo están siendo. Todos podemos redescubrir el placer de salir un día sin móvil a la calle, un domingo por ejemplo, ir a la playa, a la montaña y saborear el placer de estar desconectado. No tener el móvil a nuestro lado o en caso de tenerlo, solo para llamadas, y es que por regla general las llamadas urgentes no suelen ser para nada bueno... Así que no está de más poner por unas horas nuestra vida 2.0 en formato stand by y volver a saborear los placeres de la vida tradicional.

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