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Este curso, el evento Google I/O 2014 nos ha dejado una retaila enorme de titulares, no hay duda de ello. Sin embargo, hay algunos detalles que quizás hemos pasado por alto y que pueden cambiar el sistema de actualizaciones y de fragmentación que ha reinado en Android hasta el momento.

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Como ya sabréis si habéis seguido el ritmo de este enorme evento, Google ha decidido presentar una versión “preview” de Android L, una nueva y vistosa actualización del sistema operativo móvil. Sin embargo, los usuarios de este SO estábamos mal acostumbrados a que desde Mountain View lanzaran directamente la nueva versión definitiva de la plataforma, llámese Android 4.0, 4.1, 4.2, 4.3 o KitKat. Lo cierto es que cada 6-7 meses, la empresa norte americana nos deleitaba con una actualización “importante” sin contar antes con una versión preliminar abierta a desarolladores y curiosos.

¿Ha planteado Google un nuevo modelo de actualizaciones y no nos hemos enterado? Tanto Apple como Microsoft acostumbran a presentar una nueva versión de sus sistemas operativos sólo para desarolladores, siendo unos meses despúes cuando dicha versión se abre oficialmente a todo el mundo. Ahora, Google podría haber decidido adoptar también este modelo y, con ello, podríamos estar delante de un formato de una única versión anual que acumule una gran cantididad de novedades.

Gráfico de la distribución del sistema operativo Android

¿Cuáles son sus razones? Aún a riesgo de equivocarme, considero que es una decisión que podría ser acertada. Uno de los principales problemas de Android es su enorme fragmentación, que provoca que aún a día de hoy haya terminales en versiones presentadas hace dos años, o incluso más. Con el lanzamiento de Android 4.4 KitKat, Google permitía que todos los terminales que fueran lanzados nuevos al mercado tras esta versión pudieran acceder cómodamente a ella, con un consumo de recursos mucho más reducido. ¿El mejor ejemplo? Motorola Moto E, un nuevo estándar de terminal económico.

Si Google lanza una versión alrededor de mayo-junio, y permite que los desarrolladores y fabricantes comiencen a adaptar sus aplicaciones e interfaces antes de que la versión final sea lanzada, podría conseguirse que en el momento de su salida final, el proceso de actualización fuera más rápido y dinámico. Además, nos ahorraríamos el hecho que que algunos fabricantes pensaran en saltarse alguna de la versiones, como ha sucedido con Android 4.3, y las cifras finales de fragmentación se verían notoramiente reducidas, en tanto en cuanto serían muchs más terminales los ubicados en la última versión del SO.

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Si bien es cierto que desde Google confirmaban que antes del lanzamiento de cada nueva versión ya habían enviado hace meses el correspondiente paquete de novedades a los fabricantes, este nuevo modelo podría hacer aún más trasparente este proceso, donde los diferentes desarrolladores particulares se vieran también involucrados.

Por contra, tendremos que esperar más tiempo para acceder a nuevas y necesarias mejoras, aunque en lo que se refiere a temas de seguridad es muy posible que Google siga manteniendo un ritmo alto de “updates”.

Si es un acierto o un error deberemos valorarlo, por ejemplo, tras el lanzamiento definitivo de Android L para comprobar cómo reaccionan los diferentes fabricantes así como el número de app adaptadas al nuevo diseño de Material Design. Un camino alternativo aunque familiar para otros sistemas operativos y que puede conseguir paliar, en parte, uno de las principales lacras de Android.

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