Las adicciones, el lado oscuro de las pulseras deportivas

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Las adicciones, el lado oscuro de las pulseras deportivas

Desde hace unos años hasta ahora hemos visto cómo hacer deporte se ha convertido en otra actividad numérica más. Ya no se sale solo a correr por gusto y salud, sino que se sale a competir, a monitorizar y mejorar tus cifras, a llevar un control de pasos, tiempo y kilómetros, hasta de las calorías quemadas. Todo ello se hace desde los famosos wearables, aunque para ser exactos, el dispositivo por excelencia para deportistas son las pulseras. Son útiles, sí, pero pueden generar adicción al deporte y, por tanto, ser perjudiciales para la salud.

Así lo recoge Adam Alter, profesor adjunto de Marketing y Psicología en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York, en su libro Irresistible. En él, Alter trata las adicciones y los trastornos del comportamiento provocados por los smartphones y las nuevas tecnologías, y en su página 100 muestra cómo las pulseras y wearables pueden hacernos adictos al deporte. Para ello, habla con las expertas en adicción al ejercicio físico Katherine Schreiber y Leslie Sim, que afirman que “los avances tecnológicos promueven un control obsesivo de los objetivos”. Por un lado, Schreiber considera que los wearables son “lo peor”; Sim, por su parte, considera que son “la tontería más grande del mundo”.

Schreiber y Sim son particularmente críticas con la tecnología vestible, especialmente con los relojes y pulseras, debido a que proporcionan a los usuarios mediciones sobre su actividad de forma instantánea. El usuario, e incluso el propio reloj, puede establecer metas de pasos mínimos diarios. Cuando el usuario consigue esos pasos, el reloj o pulsera emite un sonido o una vibración, “y se hace difícil no pensar en el perro de Pavlov”, afirma Alter refiriéndose al famoso experimento que demostraba el condicionamiento clásico.

Dispostivo Fitbit

Si bien es cierto que reconocen sus múltiples ventajas –animar a las personas sedentarias a hacer ejercicio, por ejemplo–, dicen que “concentrarse en los números te aleja de la sintonía con tu propio cuerpo. Hacer ejercicio se vuelve una acción mecánica, y ese es precisamente el “objetivo” de la adicción”. ¿A qué se refiere con “objetivo”? A externalizar las decisiones que debería tomar el usuario al aparato. Un ejemplo: “no paro de correr hasta que la pulsera diga que llevo 10.000 pasos”.

“En lo referente al ejercicio todo se puede medir. Las calorías, las vueltas, la velocidad, las repeticiones, los pasos las distancia… Si ayer hiciste dos kilómetros hoy no querrás hacer menos. Te vuelves bastante compulsivo”, afirma Sim, que es psicológica de adolescentes en la Clínica Mayo. “Contar pasos y calorías no nos ayuda a perder peso, solo nos vuelve más compulsivos. Merma nuestra intuición sobre nuestra propia actividad física y sobre nuestros hábitos alimentarios”.

El problema de las rachas

Fitbit Alta con aplicacion wearable

Otro de los problemas de los dispositivos y apps de monitorización son las rachas. Las rachas están bien para medir el progreso, pero pueden llegar a obsesionar a las personas. Un caso curioso es el de Gaby Cohen, corredora miembro de la Running Streak Association (USRSA, una asociación de corredores que no han dejado de correr ni un solo día). Cohen tuvo que ser sometida a una cesárea, y tras la operación era tal su obsesión por correr que buscó un baño y se puso a correr durante 12 minutos en el sitio. No podía romper su racha de 22 años sin parar ni un solo día, aunque nada comparado con el de Jon Sutherland, de 63 años, que lleva 46 en racha.

Otro caso es Robert Kraft, de 64 años, que lleva cuarenta corriendo sin parar, a pesar de que padece artritis. Él mismo reconoce que le duele y que sufre, pero sigue haciéndolo porque es algo mecánico, similar a la adicción. Tal es así que el propio fundador de la USRSA, John Strumsky, tuvo que decir que los corredores tenían que “descansar y recuperarse para evitar lesiones”.

Cuidado con los números

Imagen de la Fitbit Flex

Las apps y dispositivos wearables premian las rachas con gráficas, estadísticas diarias, semanales y mensuales y te invitan a seguir haciendo deporte, aunque estés exhausto. Eso es bueno y peligroso a la vez. Bueno, porque si no haces deporte puede ayudarte a motivarte; malo, porque si llegas a obsesionarte con mejorar marcas puedes llegar a sufrir un daño físico grave que puede dejarte sin hacer deporte de por vida.

El problema de medirlo todo es que genera obsesión. El problema de darle demasiada importancia a los likes de Instagram es que siempre querrás más y más, y cuando nos los consigas te vendrás abajo. Esto mismo se puede aplicar al deporte, siempre más kilómetros, más tiempo, más intensidad. Los relojes y dispositivos de monitorización nos llevan por ese camino, y eso no es hacer deporte, es generar una adicción. ¿Acaso no es posible salir a correr sin llevar una cuenta de pulsaciones? ¿O de pasos? ¿O sin compartir la ruta en Facebook?

No dejes que la tecnología te domine. Usar estos dispositivos de forma adecuada puede ser genial y divertido, pero la línea que separa lo divertido de lo adictivo es realmente fina.

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Archivado en Deporte y salud, Mi Band, Smartwatches Android, Wearables
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