Pixel 4 XL tras un mes de uso: lo mejor de este móvil no aparece en su ficha técnica, y eso es un problema

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Pixel 4 XL en la mano

Si consideramos que septiembre es el mes de Apple por su tendencia a lanzar cada nueva generación de la familia iPhone en algún punto del noveno mes del año, bien podríamos decir que octubre se ha convertido, a lo largo de los últimos años, en el mes de Google. En los cuatro últimos ejercicios, los de Mountain View nos han reunido en la primera mitad de octubre para asistir a su gran evento anual de hardware, protagonizado en cada ocasión por una nueva entrega de teléfonos Pixel.

En octubre de 2019 le llegó el turno a los Google Pixel 4. Tras la presentación de los nuevos teléfonos, los primeros análisis no tardaron en inundar la red, dejando a su paso cierta sensación general de desilusión debida, en parte, a las carencias de las que pecan ambos terminales, o a ciertas decisiones tomadas por Google al construir sus teléfonos que, sin duda, resultan cuestionables.

Ahora, ya ha pasado un mes desde ese momento, y tras haber analizado a fondo el Pixel 4 XL, he podido utilizar el nuevo teléfono estrella de Google durante varias semanas para llegar a una conclusión similar a aquella con la que cerraba mi análisis en su momento: el Pixel 4 XL no es el mejor móvil del año, pero sí el que ofrece la mejor experiencia vista hasta ahora en un Android. Y esa es precisamente su mayor virtud, pero también su principal desventaja. Dejad que me explique.

Google apuesta por lo invisible en un mercado donde mandan los números

Google Pixel 4 XL, color Clearly White

Estando el mercado telefónico tan repleto de móviles que apuestan por aparentar ofrecerlo todo a través de fichas técnicas extremadamente abultadas, sistemas fotográficos múltiples con cámaras que ya superan la barrera de los 100 megapíxeles y que, en definitiva, intentan entrar por los ojos –y lo consiguen– haciendo gala de números aparentemente inmejorables, resulta curioso ver cómo Google opta por tomar el camino más difícil. Esto es: crear teléfonos que, sobre el papel, no llaman precisamente la atención, y que en su lugar se centran en ofrecer la experiencia de usuario más pulida posible.

Es el caso de los Pixel 4, y lo cierto es que en la cuarta generación de teléfonos made by Google esta filosofía abarca todos los aspectos del dispositivo. Desde su aspecto físico, que pese a su colorido resulta hasta sobrio en un mundo repleto de móviles de colorines con degradados estridentes; hasta su ficha técnica, donde nos topamos con cifras más dignas de un teléfono de 2017 que de un flagship de esta generación. Y aún así, pocos dispositivos de la competencia pueden ofrecer una experiencia tan coherente con el sistema operativo, un admirable atención al detalle o una cámara de este nivel a pesar de sus limitaciones en términos de hardware.

Pero no me malinterpretéis: me encantaría que el Pixel 4 XL tuviese 128 GB de almacenamiento, y no 64 como el modelo que ahora mismo reposa sobre mi escritorio. U 8 GB de RAM, o una batería más grande, o una pantalla más brillante. Tampoco estaría mal que muchas más apps incluyesen soporte para su sistema de desbloqueo facial o que éste no funcionase cuando tengo los ojos cerrados… Por no hablar de las funciones que solo están disponibles en inglés, o el hecho de que, a mediados de mes, mi Pixel 4 XL siga esperando la actualización de noviembre que, en teoría, debería solucionar algunos de los problemas iniciales del teléfono.

Pixel 4 en el bolsillo

Pero lo cierto es que, a pesar de todos estos inconvenientes, y algún otro que probablemente se me olvida, durante este mes de uso no solo no he echado de menos ningún otro móvil que haya probado a lo largo de este año –y por mis manos han pasado los Galaxy S10+, Note10+, OnePlus 7T o OnePlus 7T Pro, entre otros–, sino que éste es el móvil que, simplemente, no quiero dejar de utilizar.

Pero como decía al inicio, esta estrategia de apostar por la experiencia de usuario y no por los números es, tanto una virtud, como el mayor de los inconvenientes de los Pixel. Al fin y al cabo, si el objetivo de Google es convertirse en uno de los fabricantes de referencia a largo plazo, no puede conformarse con unas ventas tan mediocres como las reportadas por los Pixel 3. Ventas que, por otro lado, no van a crecer si el público sigue percibiendo estos dispositivos como teléfonos caros, pero aún así técnicamente inferiores a los de marcas como Samsung, Huawei o Apple, y mucho me temo que la solución pasa por dejar de construir smartphones con los ojos tapados ante las críticas de los usuarios, y comenzar a actuar en consecuencia. Eso, o bajar su precio. Pero me temo que esto último es mucho menos probable.

Es precisamente por eso que, a pesar de hoy afirmar que el Pixel 4 XL es el mejor móvil que he usado este año , y sin duda uno de los que más he disfrutado, espero y deseo que Google comience a tomarse más en serio su posición de fabricante y comience a crear teléfonos atractivos tanto por lo que aparentan como por lo que ofrecen. Será solo entonces cuando podré seguir recomendando la compra de uno de estos dispositivos, pero al fin sin tener antes que recitar una lista de peros a tener en cuenta.

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Archivado en Análisis de móviles, experiencia de uso, Google Pixel 4, Google Pixel 4 XL, Opinión
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