Ha registrado su propia existencia en la oficina de patentes: la estrategia extrema de Matthew McConaughey para sobrevivir a los 'deepfakes'

El actor Matthew McConaughey registra su nombre y firma como marca comercial en Estados Unidos para disponer de una base legal agresiva contra los contenidos sintéticos generados por inteligencia artificial

Ha registrado su propia existencia en la oficina de patentes: la estrategia extrema de Matthew McConaughey para sobrevivir a los 'deepfakes'
La maniobra traslada la defensa de la identidad del derecho de imagen al derecho mercantil, permitiendo reclamar daños económicos directos contra las plataformas que alojen réplicas no autorizadas
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Por por Sergio Agudo

Matthew McConaughey ha decidido que la única forma de no acabar siendo un figurante en su propia vida digital es convirtiéndose en una empresa en sí mismo. El actor ha solicitado ante la oficina de patentes de Estados Unidos el registro legal de su nombre y su firma con el objetivo de levantar un muro jurídico contra el uso de su voz y apariencia en contenidos generados por inteligencia artificial.

Los detalles de esta operación, adelantados por el prestigioso The Wall Street Journal, revelan que McConaughey busca una vía de ataque mucho más agresiva que la que permite el derecho de imagen tradicional. Al transformar su identidad en una marca registrada, el actor podrá perseguir legalmente a quien intente replicarlo sin pasar por caja, tratando cualquier clon no autorizado como una falsificación comercial.

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Los deepfakes de famosos, desde Taylor Swift a Messi, circulan sin que las plataformas pongan un freno real a la suplantación de identidad. McConaughey ya se habría adelantado a los usos ilegítimos mediante acuerdos comerciales con empresas como ElevenLabs, para licenciar el uso de su voz. Esa profesionalización de su clon digital le obliga a blindar su firma para diferenciar legalmente la réplica autorizada de cualquier falsificación generada por algoritmos que no han pagado derechos.

Y si su voz genera ingresos recurrentes, cualquier versión sintética de terceros supone una vulneración de propiedad intelectual. Registrar su nombre no otorga un escudo técnico contra la creación de vídeos falsos, pero proporciona a los abogados una herramienta superior para exigir responsabilidades económicas. Es una maniobra para acortar los tiempos de respuesta ante una tecnología que corre mucho más que la justicia convencional.

La vulnerabilidad de las figuras públicas quedó patente tras el caso de MrBeast y la estafa de los iPhones, donde las denuncias habituales se perdieron en la burocracia de las redes sociales. McConaughey ha entendido que el sistema actual no protege a las personas, pero protege con uñas y dientes a las marcas. Ha actuado en consecuencia para no perder el control sobre una carrera construida durante décadas.

Mientras en Estados Unidos se impone esta privatización extrema de la identidad, el escenario europeo intenta poner orden mediante el control estatal. Cabe recordar que España ya obliga a etiquetar los contenidos creados por IA, imponiendo sanciones a quienes oculten el origen artificial de los vídeos. Sin embargo, para una estrella global, estas leyes locales son insuficientes para litigar con éxito en el origen del conflicto.

La protección de la identidad es hoy un servicio jurídico de alto coste que solo las grandes fortunas pueden permitirse. Es el peaje por asegurar que una imagen no sea entrenada sin un consentimiento expreso y remunerado. El gesto de McConaughey destila un escepticismo profundo hacia la ética de las empresas tecnológicas que dominan el sector de la inteligencia artificial y su gestión opaca de los datos de entrenamiento.

Convertirse en una marca registrada es la admisión definitiva de que la imagen humana ha dejado de ser un rasgo personal para ser una propiedad comercial. En un mundo donde el software puede calcar cada matiz de una interpretación, la única defensa es el papel sellado. El registro le costará una suma considerable en Estados Unidos, pero McConaughey ha comprendido que quizá esta sea la única defensa que tenga.

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