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Sin embargo, todavía tenía en mente el recuerdo de Nokia, y es que anteriormente habían pasado por mis manos unos cuantos modelos míticos. Por este y otros motivos, como el mayor tamaño de pantalla y las aparentemente mayores utilidades de Symbian, decidí hacerme con un Nokia 5800, cosa de la que todavía me arrepiento hoy en día. Después de apenas haber hecho uso de la pantalla táctil del HTC Touch Pro, he de reconocer que me costó horrores adaptarme a la del Nokia (quizás también motivado por la escasa calidad y precisión que ofrecían aquellas pantallas resistivas).

Primer plano del HTC Desire ZPuede que algunos penséis que mis primeros pasos en Android fueron algo tardíos, pero tengo excusa: Windows Mobile y los teclado QWERTY deslizantes. Desde mi HTC Touch Pro –también conocido como HTC Raphael–, o lo que era lo mismo, un HTC Diamond con este tipo de teclado, me quedé prendado de la adaptación de Windows a dispositivos móviles (llamadme loco). Además, la capa de personalización de HTC, por aquel entonces HTC TouchFLO 3D, también me encantaba. El partido que llegué a sacarle a ese procesador mononúcleo Qualcomm MSM7201A a 528 MHz y sus 288 MB de RAM fue mucho, desde temas de productividad hasta incluso videojuegos –muchas horas jugando con FPSece, el emulador de PSX, cuyos inicios fueron en Windows Mobile, para luego dar el salto a Android–. Y lo mejor de todo era que podía hacer todo con el teclado, algo para mí realmente cómodo, y que marcaría parte de mi futuro con la tecnología móvil.

Primer plano del HTC Touch Pro2

Ante este panorama, no tardé en empezar a buscar sustitutos, y entonces apareció una maravilla ante mis ojos, de nuevo taiwanesa: HTC Touch Pro2 –sí, sé que estamos en Andro4all pero sigo hablando de Windows Mobile–. Efectivamente, se trataba de la evolución de mi querida HTC Touch Pro, y como es lógico, no pude resistirme a sus muchos encantos. Para empezar, era actualizable a la nueva versión del sistema operativo, Windows Mobile 6.5, mientras que el modelo original se quedaba en Windows Mobile 6.1. También llamaba mi atención su pantalla, que alcanzaba las 3,6 pulgadas, junto a una resolución WVGA, desde luego muy superior a mis anteriores equipos, además de su estilizado y más moderno diseño.

Los inicios

Muy poco antes del HTC Touch Pro 2 salía al mercado el HTC Dream, como sabéis, primer smartphone de la historia con el sistema operativo Android. Y podría haber sido perfecto para mí, pues también tenía teclado físico. No obstante, las características que he comentado antes me harían decantarme por el equipo con Windows. Así, pasó el tiempo, y por el camino, iban saliendo más androides al mercado, como el HTC Magic del que nos hablaba Jose Antonio. Pero ninguno de ellos tenía lo que yo quería, ese teclado con el que tan empecinado estaba.

En el fondo, sabía que con Android ya asentado era cuestión de tiempo dar el salto, y por fin, vi la luz al final del túnel. Esto ocurrió, volviendo a mis instintos más primitivos, con la salida del HTC Desire Z, allá por el año 2010. Y es que lo tenía todo: pantalla táctil capacitiva de 3,7 pulgadas, potencia de la mano del Qualcomm MSM7230 con un núcleo Scorpion a 800 MHz, una GPU Adreno 205, 512 MB de RAM, y cómo no, mi querido teclado físico deslizante.

Detalle del teclado del HTC Desire Z

Android, que en esa época ya se encontraba en su versión Android 2.2 Froyo, me atraía cada vez más, pero no así los dispositivos que lo llevaban. Con el HTC Desire Z, mis dudas se disiparon de un plumazo. Pese a que no era de lo más potente del mercado –por ejemplo, el Samsung Galaxy S del que nos hablaba Raúl era ligeramente superior en este aspecto–, lo cierto es que la fluidez en general estaba bastante lograda, y el rediseñado y rebautizado HTC Sense me gustaba. Otro punto a favor eran las miles de apps y juegos con los que sacarle partido a Android, algo que dejaba en ridículo a Windows Mobile. Me di cuenta de que una nueva etapa había comenzado en el sector móvil, seguramente plagada de éxitos para Android.

La libertad que te permitía –y permite– este sistema operativo terminó de enamorarme, e incluso comencé a hacer mis primeras incursiones en el mundo del Root, las ROMs, etc., aunque en Windows Mobile también había podido hacer algo a nivel software. De esta forma, conseguí sacarle un mayor rendimiento al hardware del HTC Desire Z, y entre otras locuras, elevé la frecuencia de su procesador a 1,9 GHz, es decir, más del doble de a lo que salía de las fábricas. Curiosa y milagrosamente, nunca me explotó en las manos, pero sí llegó a darme algún “calentón” en las manos, y es que la tapa trasera, que era de metal, alcanzaba temperaturas bastante extremas, lógico por otra parte.

El final

El HTC Desire Z fue, creo recordar, el terminal que más tiempo me ha durado hasta la fecha, y posiblemente con el que más he disfrutado. De nuevo, y a pesar de que cada vez se quedaba más corto en prestaciones, la comodidad que me aportaba el teclado conseguía mantenerme atrapado. Ni los procesadores de doble núcleo, que ya comenzaban a ser normales, me hacían serle infiel. Pero como siempre, sabía que esta situación no tardaría mucho en llegar a su fin. La navegación por internet me resultaba cada vez más insufrible, y además, comenzaba a estar bastante cansado de probar una ROM detrás de otra con tanta frecuencia, sin apenas apreciar mejoras.

De todas formas, decidí continuar un poco más, y entonces se puso a la venta otro equipo que me llamó la atención. Era el Sony Ericsson Xperia Play, un smartphone pensado para los más jugones –vamos, un capricho–, y que se convertiría en mi segundo Android. Aunque era un poco más potente que el HTC, no quería deshacerme de éste, por lo que continué con los dos durante unos meses. El Sony me serviría para jugar y consumir multimedia, mientras que el HTC lo dejaba para otras tareas menos estresantes, principalmente para redes sociales y mensajería instantánea.

Primer plano del Sony Ericsson Xperia Play

Y hasta aquí llegaba mi travesía con el HTC Desire Z, así como con el Sony Ericsson Xperia Play. Después de esto, vendrían los HTC One S, HTC One XL, y hasta el HTC One, mi smartphone actual junto al Motorola Moto G, aunque por el medio ha habido alguna pequeña distracción de nombre BlackBerry. A expensas del tiempo que ha pasado, y a sabiendas de que me podáis acusar de anticuado, me sigue gustando pensar en la idea de un dispositivo Android con teclado físico y prestaciones de gama alta. Soñar es gratis, ¿no?

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