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Hoy seguimos con el especial de “Mi primer Android”, una secuencia donde los editores de Andro4all os contamos nuestros primeros smartphones. Si bien es cierto que seguramente sea el menos conocido de todos, para mí fue el primer contacto con Android, de aquello hace más de tres años. Un día me llegó un móvil a casa con el que según me decían podía hacer todo lo que quería hacer con el que tenía en aquel momento, pero que por una razón o por otra –culpa de la operadora– no conseguía. Ya de aquella rootear el teléfono –o algo parecido– era necesario para usar un GPS, instalar una aplicación Java o cualquier otro detalle. Aquel móvil, ahora sé que se llama smartphone que me llegó fue un Samsung Galaxy 3.

Samsung Galaxy 3

De dónde venía

Pues en concreto venía de dos teléfonos, un Nokia N81 y un LG GT505, como podéis ver en los dos casos se trata de smartphones, con Wi-Fi y conexión a redes de datos móviles. Aunque el LG GT505 era mejor terminal por especificaciones, pantalla táctil, aunque fuera mala, más megapíxeles de cámara y en general algo más avanzado la odiosa personalización de la operadora hacía que no se puede realizar ninguna acción interesantes con él. Así que intentaba sobrevivir con los dos de la mejor manera que podía. Por otro lado el Nokia N81 tenía una cámara excelente para la época, sonido estéreo y unos botones de función para jugar muy cómodos.

LG GT505

Al llegar a estos dos “smartphones” ya me gustaba la tecnología móvil pero la frustración del LG GT505, al que incluso en su modelo libre se le podía instalar WhatsApp, me hizo dar un paso más y buscar ese móvil que me permitiera navegar, jugar, usar el GPS… y ahí apareció Android.

El inicio

Como era habitual en aquella época el terminal venía anclado a una operadora, por lo que lo conseguí a través de ellos, sin duda no era un gran terminal para la época, ya existía el Samsung Galaxy S, al que no tardé muchos meses en saltar, pero mi operadora me lo ofreció a cero euros y emborrachado de sus especificaciones y datos me dejé llevar para comprarlo.

Aquel “magnífico” terminal fue uno de los primeros que llegó a España con el sistema operativo de Google, y a pesar de conocer terminales HTC con Windows Mobile, el hecho de conocer gente con el HTC Wildfire, opté por confiar en Samsung. Para los que no conozcáis este modelo fue el predecesor del mega-conocido Samsung Galaxy Ace, así que ya sabéis de qué se trata, un gama media, bastante justo incluso en su momento de salida y que buscaba ser un terminal económico justo para eso, para ser el primer Android de muchos compradores anclados a las operadoras.

Samsung Galaxy 3

En aquel momento tener un smartphone que mejoraba los número de mi primer ordenador era algo impensable, por lo menos para mí. Tenía un procesador a 667 MHz, 256 MB de memoria RAM, redes 3.5G, 512 MB de almacenamiento interno pero contaba con slot para tarjetas microSD. Además tenía una cámara de 3,2 megapíxeles. Lo cierto es que desde el primer momento que lo cogí me fascinó, podía hacer muchas de las cosas que hacía en el ordenador en mi tiempo libre. Todo esto se “magnificó” cuando una aplicación llamada WhatsApp llegó a mi a través de una amiga. Era increíble, pese a tener muy muy pocos contactos, un servicio de mensajería así era un sueño.

Además de todo esto, las aplicaciones de Google eran una maravilla, y en ese momento empecé a buscar aplicaciones para sacarle el máximo partido a mi nuevo gadget, si bien es cierto que no era un tope de gama y que Android estaba aún en ciernes, ya había aplicaciones suficientes para muchos usuarios, entre los que yo me incluía. Hablando del funcionamiento, donde noté un cambio mayor en mi día a día fue en la pantalla, pese a que la calidad era parecida, la sensibilidad y reacción al tacto era otro mundo.

El final

Samsung Galaxy S

El final no tardó mucho en llegar, solo seis meses después, y lo cierto es que fue un paso importante, el hecho de cambiar de un gama media a un gama alta con bastante tiempo en el mercado fue un cambio radical. El siguiente teléfono volvería a ser un Samsung, en concreto el primero de la familia S, el Samsung Galaxy S pese a llevar muchos meses en el mercado seguía siendo una opción muy interesante. El cambio en sí, no fue obligado por problemas con el Samsung Galaxy 3, sino que en mi familia se necesitaba un teléfono nuevo y el cambio era bastante claro, uno mejor para mi y el Samsung Galaxy 3 seguiría por casa esperando una actualización a Android 2.2 Froyo, que otra vez más, mi operadora fue reacia a ofrecer a los usuarios.

Durante bastante tiempo el teléfono se paseó por casa, y aún sigue vivo con mi ahijado, con una versión cocinada de Android 2.2 Froyo basado en el sistema operativo original de Samsung, ya que por muchos ports que he probado desde otras versiones o modificaciones sobre Android 2.2 Froyo, no he conseguido que funcionen igual de bien todas las funcionalidades que tiene el Samsung Galaxy 3.

Desde aquella he pasado por varios Android, algunos míos, como el ya comentado Samsung Galaxy S o el Samsung Galaxy Note II antes de llegar al LG G2 actual y otros que han sido efímeros por cuestiones profesionales, pero sin duda el Samsung Galaxy 3 (GT-I5800) siempre tendrá un hueco en mis recuerdos tecnológicos porque seguramente sin ese paso ahora mismo no estaría escribiendo este artículo aquí.

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