El mercado explora el color como diferenciación, pero que no te lo vendan como innovación

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El mercado explora el color como diferenciación, pero que no te lo vendan como innovación

No va a pasar a los anales de la historia, este año 2018, como uno de los ejercicios con más movimientos en el mercado de smartphones, o no al menos en cuanto a la innovación en una gama alta que parece habérselo tomado con calma a la espera de mejoras mayores como los teléfonos plegables.

De hecho, vivimos un año de transición en un mercado que ya se ha acostumbrado a seguir una estrategia similar a la de Apple, buscando saltos generacionales cada dos años con una renovación más comedida que se intercala.

Tampoco es que el avance de la tecnología haya permitido muchas florituras, la propia LG nos lo anunciaba a principios de año con su cambio estratégico, y es que a las pantallas flexibles todavía no se le ha encontrado mucha utilidad, el hardware no diferencia ya prácticamente nada y las cámaras fotográficas por sí solas no pueden justificar inversiones por encima de los 750 euros en la mayoría de casos para renovar un smartphone todavía con recorrido.

La parte de software toma pues protagonismo, con el valor añadido como mejor arma y los apartados multimedia más cuidados que nunca, aunque es el diseño el que más tinta ha hecho correr desde que Apple nos enseñase al iPhone X y su famoso y controvertido ‘notch’ entrase en nuestras vidas.

El mercado explora el color como diferenciación, pero que no te lo vendan como innovación

Pues sí, todos los teléfonos son iguales… ¡y al mercado le gusta la ceja!

La evolución de los teléfonos móviles ha sido una montaña rusa, desde los zapatófonos de los inicios hasta la miniaturización máxima, pasando por los teléfonos de concha, hemos visto diseños de todo tipo en los que incluso había espacio para jugar.

Poco tardaron los smartphones en comerse a Symbian, a Windows Mobile, a Palm y a todo lo que se encontraron en su exitoso camino, creciendo cada vez más hasta tamaños casi inmanejables pero con un denominador común: un smartphone es una caja rectangular con su pantalla dominando el frontal y toda la experiencia de uso.

Un mantra impuesto y aceptado que nos ha traído smartphones cada vez más parecidos, ya con el metal y el cristal en todas partes, y con diseños en los que no se juega ya ni a sorprenderAsí pues, si quieres saber de qué marca es un teléfono, dale la vuelta porque por delante será difícil diferenciarlos.

Quizás por ello el iPhone X haya tenido tanto éxito al menos de crítica, y es que aunque el controvertido ‘notch’ no guste a todos y fuese una solución de urgencia, supuso un soplo de aire fresco a unos diseños encorsetados y muy parecidos todos ellos.

La ceja te diferencia aunque lo haga rompiendo simetrías, y lo cierto es que Apple consiguió sentar cátedra con un detalle feo, casi impuesto a la espera de una solución definitiva, pero que es funcional y que todo el mercado parece haber malentendido confiando en que el efecto Bandwagon haga su magia y termine gustándonos.

El mercado explora el color como diferenciación, pero que no te lo vendan como innovación

Mil clones y sólo el color como toque diferenciador

Guste o no a todos, parece que tendremos que acostumbrarnos al ‘notch’ pues prácticamente todos a excepción de Samsung y Sony han sucumbido, y el catálogo de teléfonos Android es hoy un mar de clones del iPhone X incluso en gama alta, habiendo aceptado también que el audio-jack no sirve aunque no se haya encontrado un sustituto.

Como ejemplos el LG G7 ThinQ, los Huawei P20, el Honor 10, el ASUS Zenfone 5 o el último, el OnePlus 6, todos ellos optando por diseños clónicos del iPhone X con el frontal optimizado y la susodicha ceja, un compendio de teléfonos casi idénticos por fuera donde sólo Huawei ha querido poner la nota de color, nunca mejor dicho…

El fabricante chino afirmaba que se habían equivocado al no atreverse a lanzar un teléfono con ‘notch’ en el que habían trabajado hace años, y prometían ser más valientes en el futuro afirmando que habían tomado riesgos con la tonalidad Twilight del Huawei P20 Pro.

Ciertamente los diseñadores de Huawei han conseguido crear el mejor trabajo de pintura hecho nunca en un smartphone, con un precioso y magnético degradado del verde hacia el lila que enamora a primera vista sobre un cristal de acabado brillante.

Honor lo heredaba para su Honor 10 apodándolo Aurora Glass con las tonalidades Phantom Blue y Phantom Green, dos acabados también impresionantes que cambian de tonalidad según la incidencia de la luz, y que otorgan distinción a la gama más alta de Honor.

¿Es sin embargo este gran trabajo con los colores una innovación destacable? Pues oye, probablemente no. Para mi es eso, un gran trabajo de pintura y unos acabados de altísima calidad que suman, pero que no sirven para justificar una nueva generación de un dispositivo.

Obviamente agradecemos las opciones, la evolución también implica mejorar en el aspecto, pero una tonalidad aunque sea un precioso degradado no es innovación ni debe usarse para justificar un cambio generacional en un smartphone… Y vosotros, ¿os cambiaríais de smartphone por el color?

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Archivado en Innovación, Mercado, Opinión, Tecnología
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