Mi primera vez en Android: 1.6 donut y el HTC Tattoo

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HTC Tattoo

Hace 12 años que tuve mi primer encuentro con un móvil Android, tras bastante tiempo utilizando móviles con sistemas operativos Java. Me costó 65 euros, toda una fortuna, un reino entero para un preadolescente que se empezaba a interesar por la tecnología. Ahí estaban, los chicos de CEX estafándome diciéndome que aquel HTC Tattoo del escaparate se actualizaría a la siguiente versión, todo por la venta, al menos se ganaban el sueldo.

Por aquel entonces la presencia de las compañías telefónicas en el sistema operativo se hacía notar más de lo deseable, llenando aquella joya de poco más de 3 pulgadas de bloatware, temas y acentos naranjas de Orange. La compañía tenía a bien personalizar las ROMs hasta extremos insospechados, era legal, all right.

Todo era horrible, pero había una solución

Horrible, sencillamente horrible. El sistema tenía lag, no podía mover bastantes aplicaciones y la batería apenas duraba, pero a mí me volvía loco. No es guapo, pero es simpático. No obstante, había cosas en aquella relación que no podían dejarse pasar. WhatsApp. ¡Tenía un Android en el que no funcionaba WhatsApp! La que desde un inicio fue la app de mensajería más usada en el mundo solo funcionaba en versiones de Android superiores a la 2, mi móvil estaba obsoleto. Como barco naufragado anduve navegando durante semanas por la web, hasta que avisté la isla del Root, el Bootloader y las ROMs personalizadas.

¿Cambiarle el sistema operativo por completo a un teléfono?, lets hack this sh*t. Siguiendo tutoriales de HTCmania, me aventuré a poner mi dispositivo en modo Fastboot, abrir una consola de comandos y conectar mi flamante y funcional HTC Tattoo a mi Netbook MediaMarktés de poco más de 200 euros, ¡tenía 12 años!

El proceso de root era muy similar al de ahora. Pedir código de desbloqueo, meterlo en la consola de comandos, flashear TWRP y cargar la ROM.

Como era de esperar, el dispositivo se brickeó, como primer esbozo a un alias que me perseguiría toda la vida, –MrBricker, sígueme en Twitter, pongo cosas.- No obstante los procesadores de Qualcomm lo ponen bastante complicado para un hard brick, y logré rescatar a ese Snapdragon S1 de una muerte segura. Tras algo más de dos horas de proceso, mi HTC Tattoo volvió a la vida con CyanogenMOD 7.1, Android Gingerbread 2.3.7.

Capturas de HTCmania

Así lucía CyanogenMOD en el HTC Tattoo. Una versión que llegaba a estar más actualizada que la propia gama baja de Samsung, que seguía en Android 2.2 mientras mi móvil de poco más de un billete de cincuenta euros estaba en la última versión disponible. El funcionamiento era “bueno”, y las opciones de personalización que se me abrieron fueron increíbles.

Cambiar los iconos de la batería, su ubicación, los ajustes del sistema… El tener el control absoluto sobre el sistema operativo fue lo que me hizo interesarme por Android. A partir de ahí fui pasando de terminal en terminal, perdiendo la cuenta de todos los que he tenido y probado, pero guardando el recuerdo de esa pequeña máquina.

Android permite personalizar el sistema hasta el extremo, y eso es maravilloso.

Cuéntanos cuál fue tu primer Android, por qué y dónde lo compraste, y si lo conservas o si tienes interés en hacerte con él de nuevo. Yo ya estoy buscando en Wallapop el Tattoo por unos 15 euros…

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