La teleportación cuántica ya no sólo es una realidad, sino que se hace por Internet
Un equipo de Northwestern University teletransporta un estado cuántico de luz por fibra óptica comercial con tráfico real, sin infraestructura nueva
Un grupo de ingenieros de Northwestern University ha conseguido teletransportar un estado cuántico de luz a través de más de 30 kilómetros de fibra óptica comercial que, al mismo tiempo, soportaba tráfico real de Internet. No se mueve materia ni objetos: lo que se transfiere es información cuántica pura sobre una red activa y hasta arriba de datos convencionales.
El equipo, liderado por el ingeniero informático Prem Kumar, detalla en la revista Optica cómo consiguió enviar el estado de un fotón individual mientras la fibra iba cargada con 400 Gbps de tráfico clásico. Según recoge ScienceAlert, «nadie creía que fuera posible», reconoce el propio Kumar. Otros grupos ya habían transmitido información cuántica en simulaciones, pero ninguno con teleportación sobre un flujo real de datos.
Fotones cuánticos nadando entre datos clásicos
El gran enemigo de un fotón cuántico viajando junto a miles de millones de bits convencionales es la dispersión: la señal se mezcla con las ondas de luz que la rodean y pierde su estado. Para sortear ese problema, el equipo restringió el canal del fotón y lo colocó en una zona del espectro donde ese mecanismo se reduce al mínimo. "Situamos nuestros fotones en un punto adecuado y comprobamos que podíamos establecer comunicación cuántica sin interferencias de los canales clásicos", explica Kumar.
La teleportación cuántica —transferir el estado de un fotón a otro que está lejos mediante entrelazamiento, cargándose el original en el proceso— ya se había demostrado en entornos controlados y con puntos cuánticos en montajes distintos. Lo que cambia aquí es que funciona sobre infraestructura que ya está puesta, lo que se carga de un plumazo la necesidad de desplegar redes dedicadas. Y no es un matiz menor: mucha gente daba por hecho que Internet cuántico obligaría a cablear el mundo otra vez desde cero.
Kumar lo tiene claro: "Si elegimos bien las longitudes de onda, las comunicaciones clásicas y las cuánticas pueden coexistir". Esa compatibilidad abre la puerta a cifrado ultraseguro, entre otras cosas, y redes de computación cuántica distribuida entre nodos que estén a cientos de kilómetros, todo aprovechando la fibra que ya tenemos enterrada. La idea encaja con una revolución cuántica más amplia que avanza con más solidez que titulares.
Eso sí, conviene mantener la calma: este experimento no quiere decir que el Internet cuántico esté a la vuelta de la esquina. Lo que demuestra es que la coexistencia entre los dos mundos es viable en condiciones reales, y eso tiene bastante más valor que cualquier promesa grandilocuente. El mérito del equipo de Kumar está en haber convertido una limitación que parecía de libro en un problema de ingeniería con solución.