Saben correr, pero no trabajar: los creadores de robots humanoides admiten que el 'hype' se nos ha ido de las manos

Los propios ingenieros y desarrolladores de empresas como Tesla o Agility Robotics reconocen que la narrativa mediática ha inflado las capacidades reales de sus máquinas

Saben correr, pero no trabajar: los creadores de robots humanoides admiten que el 'hype' se nos ha ido de las manos
Al igual que pece estar sucediendo con la IA, los robots humanoides parecen estar llegando a un techo que va a costar derribar
Publicado en Robots
Por por Sergio Agudo

Los desarrolladores de robots humanoides admiten por fin que el entusiasmo del mercado ha pasado por encima de la tecnología disponible. Si bien las máquinas ya caminan y corren con soltura, la realidad en el suelo de la fábrica es otra: siguen muy lejos de sustituir a los operarios en tareas complejas y, sobre todo, de demostrar un modelo de negocio que sea mínimamente sostenible a largo plazo.

La noticia nos llega desde TechSpot, donde varios portavoces del sector durante el último Humanoids Summit han tirado de honestidad: el diseño humanoide vende narrativas potentes para atraer inversión, pero los ingenieros recuerdan que el progreso es mucho más lento de lo que sugieren los vídeos de demostración que inundan las redes sociales cada semana.

Marketing antropomórfico frente a la eficiencia de la automatización real

La forma humanoide no es, ni de lejos, la más eficiente para la mayoría de las tareas industriales actuales. Mientras empresas como Figure AI prueban robots de 1,68 metros en plantas de BMW para manipular chapas, los robots especializados —brazos fijos o plataformas con ruedas— siguen siendo superiores en velocidad, estabilidad y coste operativo.

Un robot como el Apollo de Apptronik apenas aguanta cuatro horas de funcionamiento, una cifra insuficiente para un turno de trabajo real. Este desajuste entre expectativas y realidad se hace evidente al analizar los pilotos actuales en fábricas. Aunque hemos visto coreografías grupales de robots chinos, estas demostraciones están totalmente guionizadas.

Lo malo es que el bombo publicitario ha hecho creer al público que los robots domésticos universales están listos, cuando la tecnología actual sigue sufriendo para realizar tareas de clasificación básica en entornos no controlados. El problema viene con el mantenimiento y la seguridad: un humanoide tiene decenas de articulaciones y sensores que pueden fallar, disparando el coste por hora de operación.

En el mercado asiático están intentando romper la baraja con propuestas como el robot Bumi, que cuesta menos que un iPhone, centrándose más en la educación que en la industria. De ahí que la burbuja de los grandes humanoides generalistas empiece a preocupar a algunos inversores, que ven cómo la baja fiabilidad frena el despliegue real en almacenes logísticos.

Si te fijas en los datos del Apollo, su carga útil de 25 kilos lo limita a tareas de clasificación y transporte de piezas ligeras, algo que una cinta transportadora hace por una fracción del precio. La mayoría de estas máquinas están en fase de validación y no de producción, lo que significa que el modelo económico y el retorno de inversión siguen siendo una incógnita.

Los robots humanoides pueden caminar y correr, pero que hagan un trabajo realmente útil y rentable en una fábrica real es una historia muy distinta. Mientras no se solucione el gasto energético de la bipedestación y la fragilidad de sus componentes, los operarios humanos y la robótica especializada seguirán siendo los dueños indiscutibles de las cadenas de montaje.

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