Científicos descubren un enjambre de millones de objetos interestelares 'cerca' de la Tierra y la preocupación crece

Actualmente, no es fácil detectar objetos de pequeño tamaño y esto puede acabar siendo un problema

Científicos descubren un enjambre de millones de objetos interestelares 'cerca' de la Tierra y la preocupación crece
Hasta hace relativamente poco tiempo, era inusual detectar objetos interestelares
Publicado en Tecnología

Llevamos décadas explorando el cosmos con telescopios cada vez más potentes, pero lo cierto es que siempre hemos tenido un sesgo de tamaño. Proyectos como el Observatorio Rubin o el futuro Argus Array son auténticas maravillas tecnológicas, capaces de detectar rocas espaciales que reflejan la luz solar a distancias enormes. Sin embargo, tienen un límite: solo suelen ver objetos que superan los de cien metros de diámetro. Esto nos deja una pregunta en el aire: ¿qué pasa con todo lo que es más pequeño?

Por suerte, no siempre necesitamos espejos gigantescos para detectar estas visitas; a veces, basta con usar la propia atmósfera de la Tierra como si fuera un detector gigante. Cuando una roca de apenas tres metros choca contra nosotros, la fricción con el aire la convierte en una bola de fuego tan intensa que libera una energía similar a la de una bomba atómica. Lo curioso es que estas explosiones no pasan desapercibidas para algunos satélites. Cuando estos datos se desclasifican y son publicados en CNEOS (Center for Near Earth Object Studies), se convierten en una mina de oro científica.

Millones de objetos en la órbita terrestre

 Observatorio Vera C. Rubin

El Observatorio Vera C. Rubin está en el Cerro Pachón, en Chile

Recientemente, un estudio liderado por el astrofísico Avi Loeb y su equipo ha informado de dos nuevos candidatos a meteoros interestelares, bautizados en su día como CNEOS-22 y CNEOS-25. No son simples rocas de nuestro vecindario; tras analizar su trayectoria y velocidad, comprobaron que ambos viajaban demasiado rápido para pertenecer a nuestro sistema solar. El primero apareció sobre el Pacífico en 2022 y el segundo sobre el Ártico hace apenas unas semanas. Al medir su impacto, se estima que apenas tenían un metro y medio de ancho, pero su importancia es enorme. Gracias a ellos, han descubierto que hay alrededor de 35 millones de estos diminutos objetos en la órbita terrestre.

Lo más fascinante viene al comparar estos pequeños fragmentos con gigantes como el famoso 3I/ATLAS, que mide más de dos kilómetros. Pese a su abismal diferencia de tamaño, el hecho de que los objetos interestelares de escala kilométrica y métrica compartan la misma densidad parece indicar que ambos están vinculados, siendo los más pequeños fragmentos desprendidos de los más grandes. Al final del día, este esfuerzo no es solo por curiosidad académica o por el placer de descubrir qué hay ahí fuera. Se trata de una cuestión de supervivencia. Una red de vigilancia real nos daría un margen de maniobra que hoy no tenemos.

Para ti
Queremos saber tu opinión. ¡Comenta!