Europa se prepara para lo peor: teme que Trump bloquee el acceso a toda tecnología estadounidense

Europa empieza a plantearse escenarios extremos ante su fuerte dependencia de la nube, el software empresarial y los chips controlados por empresas estadounidenses

Europa se prepara para lo peor: teme que Trump bloquee el acceso a toda tecnología estadounidense
La posibilidad de restricciones desde EE. UU. reactiva en Bruselas el debate sobre soberanía digital, dependencia de los hiperescaladores y el control de infraestructuras tecnológicas críticas
Publicado en Tecnología
Por por Sergio Agudo

Donald Trump vuelve a situar a Europa ante un escenario que hasta hace poco se consideraba extremo: la posibilidad de que la Casa Blanca utilice la tecnología como herramienta de presión geopolítica. En Bruselas y en varias capitales europeas se contempla como riesgo que una orden ejecutiva estadounidense pueda restringir el acceso del continente a servicios digitales críticos, en un contexto de tensiones políticas crecientes entre Estados Unidos y la Unión Europea.

¿La respuesta que se teme desde Washington? Un escenario pesadillesco para el continente: limitaciones severas al acceso a tecnología estadounidense a través de una orden ejecutiva, según recoge The Wall Street Journal). Estaríamos hablando de servicios en la nube, software empresarial y chips avanzados, un supuesto que ha llevado a Europa a acelerar planes para reducir su dependencia tecnológica de EE. UU.

Un bloqueo con tufo a HUAWEI

AWS servidores

Los Amazon Web Services, Microsoft Azure, Google o los distintos modelos de IA podrían dejar de estar disponibles en Europa

De producirse un bloqueo parcial o un régimen de restricciones, el escenario recuerda al vivido hace cuatro años cuando, durante el primer mandato de Trump, se bloqueó el acceso de Huawei a los servicios de Google. El fabricante chino, considerado entonces una amenaza para la seguridad nacional, se vio obligado a rediseñar su estrategia para reducir su dependencia de tecnología estadounidense.

El resultado fue una reorientación forzada hacia soluciones propias, entre ellas HarmonyOS, que hoy Huawei intenta extender también al ámbito profesional. Un ejemplo de ello es el lanzamiento, a finales del año pasado, de su primer portátil con HarmonyOS Enterprise. Un movimiento que no puede calificarse de éxito pleno fuera de China, pero que sí ilustra hasta qué punto una ruptura tecnológica puede obligar a replantear por completo un ecosistema.

Pero, por mucho que la situación actual recuerde a lo ocurrido con Huawei, en Europa el contexto es distinto. No se trata de sanciones dirigidas a una empresa concreta, sino de un problema estructural de dependencia que afecta a gobiernos, administraciones públicas y grandes compañías del continente. Las tensiones políticas entre EE. UU. y varios países europeos han reavivado el debate sobre hasta qué punto esa dependencia supone un riesgo estratégico.

La raíz del problema es clara: en torno al 70 % de los servicios de computación en la nube utilizados en Europa están controlados por empresas tecnológicas estadounidenses. Microsoft, Google y Amazon concentran gran parte de esa infraestructura, y sus servicios forman parte del funcionamiento diario de administraciones y empresas. A ello se suma que buena parte del software empresarial utilizado en el continente procede también de estos proveedores.

Si se firmase una orden ejecutiva en ese sentido, el impacto podría ser profundo. Además de restringir el acceso a determinados servicios digitales dependientes de Estados Unidos, se podría establecer un régimen de licencias para la exportación de chips avanzados destinados a centros de datos. Esa exportación, como advierten varios análisis europeos, podría condicionarse a acuerdos específicos de “seguridad tecnológica” con Washington.

Para contrarrestar este riesgo, Europa estudia establecer un marco de soberanía digital propio con mayor urgencia. La UE trabaja ya en legislación adicional sobre nube e inteligencia artificial destinada a reducir la exposición a decisiones unilaterales externas. El objetivo no es sustituir una dependencia por otra, sino limitar una vulnerabilidad que, aunque muchos consideran improbable que se materialice en su forma más extrema, ha dejado de ser un escenario puramente teórico.

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