Jeff Bezos, fundador de Amazon, persigue a sus empleados para mantenerlos con ansiedad: "Quiero que todos se levanten aterrorizados, con las sábanas empapadas en sudor"

Bezos es, posiblemente, una de las figuras más controvertidas del mundo de la alta tecnología

Jeff Bezos, fundador de Amazon, persigue a sus empleados para mantenerlos con ansiedad: "Quiero que todos se levanten aterrorizados, con las sábanas empapadas en sudor"
Aunque ya no dirige Amazon de facto, su poder sigue siendo enorme
Publicado en Tecnología

Jeff Bezos, creador de Amazon, es uno de los mayores exponentes a la hora de mantener la idea de que los trabajadores deben dar el 101% durante su jornada laboral. Lo que comenzó en 1994 como una modesta librería online se ha convertido en un coloso del comercio electrónico que ha expandido su influencia hacia múltiples sectores, manteniendo siempre como norte absoluto las necesidades del consumidor, tanto presentes como futuras, de hecho, ahora está completamente enfocado en la IA y cree que puede hacer desaparecer a Google.

Esta estrategia centrada en el cliente ha consolidado a Amazon como un referente de confianza entre los compradores, aunque no sin coste para sus equipos, sometidos a una presión constante por alcanzar la excelencia en cada interacción con los usuarios.

El miedo como motor de excelencia

Bezos implantó esta filosofía desde los albores de la compañía. Prueba de ello son sus primeras apariciones públicas a finales de los años noventa, cuando el empresario estadounidense ya dejaba claro que su método para extraer lo mejor de su plantilla pasaba por una exigencia implacable.

Un ejemplo revelador es la entrevista que concedió a la periodista Wendy Walsh en CNET, portal especializado en tecnología y productos de consumo. Durante aquella conversación, Bezos expuso sin rodeos su particular estrategia motivacional, basada en inculcar a sus trabajadores la trascendencia del cliente y el temor a su pérdida: "Les pido a todos aquí que se despierten aterrorizados cada mañana, con las sábanas empapadas de sudor. No deberían tener miedo de nuestra competencia. Deberían tener miedo de nuestros clientes", declaraba el fundador de Amazon.

Para el emprendedor, que abandonó su carrera en Wall Street para apostar por el comercio electrónico, el fundamento de ese temor radicaba en las consecuencias de descuidar al consumidor: "Porque con ellos tenemos una relación. Y creo que nuestros clientes nos son leales hasta el segundo en que alguien les ofrece un mejor servicio", explicaba.

El mensaje para la plantilla de Amazon era diáfano: su preocupación debía centrarse en las repercusiones que tendría para la empresa —y, por extensión, para sus propios empleos— la pérdida de clientes debido a una experiencia deficiente o a una relación inadecuada entre trabajadores y usuarios. Esta visión caló hondo en el equipo y propulsó a Amazon hacia la trayectoria de expansión que la ha convertido en el gigante que conocemos hoy.

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