La adicción al smartphone es cosa de todos

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Chica usando movil

Ayer volvió “Salvados” a la televisión española, y lo hizo por todo lo alto. Jordi Évole y su equipo hicieron un reportaje sobre la adicción a los smartphones por parte de la población española. A nivel personal me pareció un muy buen programa que abarcó un problema de nuestra sociedad que, a diferencia de las drogas, la corrupción y otros asuntos públicos, no está haciendo el ruido que debería hacer. Hoy quiero dar mi opinión al respecto, y es que esa adicción está provocada por todos y cada uno de nosotros. No es culpa solo del teléfono o solo tuya, es culpa de absolutamente todos.

La adicción a los smartphones me parece un problema de la sociedad en general. De ti, de mí, de tus amigos, de tu familia y del resto de círculos que componen tus redes sociales 1.0. ¿El motivo? Sencillo: no nos gusta que nos pidan cosas, pero sí nos encanta pedir. Desde mi punto de vista, el ser humano comete el grave error de pedir al prójimo algo que él mismo no está dispuesto a dar, como es su tiempo. Eso sí, cuando nosotros necesitamos el tiempo de otro, más le vale que nos lo de, “porque nosotros siempre lo hacemos”.

La paradoja del tick azul de WhatsApp

Check azul en los grupos de WhatsApp

Podría tirarme divagando sobre este tema toda una vida, pero prefiero mostrarlo con un ejemplo que todos entenderemos: WhatsApp y el tick azul. Estás tan tranquilo en tu sofá, haciendo lo que sea que estás haciendo. Alguien te manda un WhatsApp y te dice que necesita que hagas o que le envíes algo. Tú, inmediatamente, piensas dos cosas: 1) “Si abro la conversación va a saber que lo he leído” y 2) “¿Qué pasa, que tengo que hacerlo cuando esta persona quiera?”. Entonces decides no abrir el mensaje, por miedo a las posibles consecuencias que pueda tener el “He visto que lo leíste y no respondiste”.

Es ahí cuando pensamos “Es que yo tengo una vida, unos amigos, una familia… parece que a la gente no le importa lo que esté haciendo yo en ese momento. Es que si no quiero contestar no contesto”. Ese pensamiento está genial, pero ahora vamos a darle la vuelta a la tortilla. Ahora eres tú el que manda el mensaje, un mensaje “súper importante”. La persona lo recibe, lo lee y lo deja en visto, y no responde. ¿Ahora qué? ¿Quién es el malo ahora? ¿Él, por decidir invertir su tiempo como quiere y no responderte? ¿Tú, por presionar a la otra persona a que mire su teléfono cuando no tiene motivo para hacerlo? Es ahí cuando nos convertimos en agentes de presión social.

Queremos que la gente nos preste su tiempo, y lo queremos ya. Si no lo hace lo está haciendo mal, y llegamos a presionar para que eso pase. “¿Así que no lees el mensaje? Pues te llamo al teléfono, y lo primero que voy a hacer es preguntarte si has visto WhatsApp”. Sabes que no, que no lo ha hecho, pero vas a poner a la otra persona en el compromiso de reconocerte que no lo ha mirado. Eso ejerce presión social sobre la otra persona, y favorece esa adicción al teléfono. Tenemos que aprender que tenemos una esfera privada que nadie puede invadir sin nuestro permiso. Cuando dejamos que eso pase estamos cometiendo un grave error, porque una vez hecho no hay vuelta atrás.

¿Qué necesidad hay de exponerse de esta forma ante la sociedad?

Amigos Facebook

Luego tenemos un problema aún más grave: si ya no tenemos intimidad, puesto que nos pueden contactar en cualquier momento y presionarnos para que estemos accesibles, cedemos al dominio público nuestra propia privacidad. No tenemos pudor a la hora de publicar algo en redes (y aquí estoy siendo hipócrita porque yo lo hago), y es porque nos pensamos que las redes sociales son nuestros amiguitos en línea. Eso no es así.

¿Qué necesidad tiene el ser humano de exponer su intimidad, su privacidad, su vida privada y personal ante el mundo? Ese es otro de los temas que trataban ayer en el programa. La pirámide de Maslow, o jerarquía de las necesidades humanas, es una teoría psicológica propuesta por Abraham Maslow en “Una teoría sobre la motivación humana”. En dicha teoría, la segunda necesidad más importante para una persona es el reconocimiento, que una vez conseguido nos lleva a la autorrealización, culmen de las necesidades humanas.

El reconocimiento engloba el éxito, la fama, el respeto, la confianza… El teléfono móvil, ayudado de las redes sociales, “ayuda” a conseguir eso. Cuando publicas una foto en redes, ¿qué esperas conseguir? Likes, seguidores, retweets ¿Para qué? Para cubrir esta necesidad de reconocimiento. Antes, esa necesidad se cubría con tu grupo de amigos o tu familia. Ahora, con las redes sociales, esa necesidad se hace global, y necesitas la aprobación no solo de tus amigos, sino de tus 10 mil seguidores en Instagram que ni siquiera conoces ni conocerás en tu vida.

Instagram 5

¿Pero qué hay fuera de Instagram? ¿Quién eres fuera de las redes sociales? Ahí está el problema. Fuera de las redes sociales seguimos estando solos, porque nuestros amigos están “en la nube”. En el basto mundo 1.0, en el mundo real, no somos nadie. Solo otro ser humano más. Y el problema es que estas redes te piden más. Más contenido, más seguidores, más reconocimiento. ¿Y qué pasa cuando eso no llega? ¿Qué pasa cuando tu foto no tienes likes? Te conviertes en un mindundi, en un pocosfollowers, en un newfag. Te conviertes en un fracasado. ¡Pero tienes que estar presente en redes! Porque si no serás un asocial.

¿Qué ocurre cuando no eres aceptado en redes sociales? ¿Vuelves al mundo 1.0? Si allí no hay nadie, ¿no? Ahora estás solo, y eso no es bueno. El ser humano es un ser social, necesita a la gente, necesita comunicarse de forma “humana”, y eso ahora es complicado. Estamos solos pero siempre acompañados, porque tenemos en nuestro bolsillo un montón de amigos cuyo nombre empieza por @ que no saben nuestro verdadero nombre. Las redes sociales no son tus amigos. Las redes sociales son una plaza donde siempre hay alguien mirando, que sabe qué haces, cuándo lo haces, cómo lo haces y con quién lo haces. Pero ojos que no ven, corazón que no siente.

Haz lo que harías si no tuvieras teléfono

Phubbing

¿Y cómo solucionamos este problema? ¿Cómo dejamos de ser zombis del teléfono pegados a una pantalla? Muy sencillo: actuando como actúan los seres humanos. ¿Qué hacías antes cuando querías contar algo importante? Quedabas, te tomabas un café y charlabas. ¡Usa el teléfono para contactar a la persona! Pero no lo uses para contar el problema. Si puedes contarlo por WhatsApp, seguramente no sea tan importante como piensas.

Invierte en tiempo de calidad. ¿Por qué has quedado con esa persona? Si has quedado con ella porque te apetece verla, ¿qué necesidad tienes de estar hablando con otra persona por teléfono? Ahora mismo estás donde estás. Disfruta el momento y de ese tiempo de desconexión. ¿Notas que el teléfono no deja de vibrar? ¡Apágalo! Es tu tiempo libre, tu tiempo de ocio. Nadie puede invadirlo si tú no quieres. El teléfono es una herramienta, una muy buena herramienta, así que no dejes que se convierta en unas esposas que te aten a un mundo virtual que no existe. La vida pasa delante de ti, y te la estás perdiendo haciendo scroll en el timeline de Twitter.

¿Qué pensáis vosotros sobre la adicción al smartphone?

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Archivado en Aplicaciones Android, Opinión, Smartphones Android
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