Los romanos usaban heces como medicina y ahora hay pruebas arqueológicas

Arqueólogos hallan en Turquía un frasco romano de 1.900 años con restos de heces humanas y tomillo usados con fines medicinales

Los romanos usaban heces como medicina y ahora hay pruebas arqueológicas
El ungüentario de vidrio analizado conserva depósitos químicos que coinciden con las recetas terapéuticas descritas por Galeno en el siglo II d. C.
Publicado en Ciencia
Por por Sergio Agudo

Un ungüentario romano de hace 1.900 años contenía heces humanas con fines medicinales, según confirma un reciente análisis químico. El hallazgo, localizado en la antigua Pérgamo, aporta la primera prueba material de una práctica que hasta ahora solo aparecía en textos antiguos. Los restos estaban mezclados con tomillo, probablemente para intentar enmascarar el fuerte olor de la mezcla.

La noticia nos llega desde ScienceAlert, donde se detalla que el descubrimiento ratifica las recetas de médicos como Galeno de Pérgamo. Este médico recomendaba excrementos para tratar inflamaciones, lo que confirma que en el siglo II la frontera entre higiene y medicina era inexistente. Con este movimiento se valida físicamente lo que decían las crónicas.

La farmacología del excremento en el siglo II

Lo más llamativo de este objeto es su forma de recipiente de vidrio largo y estrecho, similar a un candelabro. Al raspar su interior, los arqueólogos de la Sivas Cumhuriyet University extrajeron escamas oscuras que resultaron ser excrementos humanos con marcadores químicos de tomillo. Este hallazgo material demuestra que el nivel de experimentación romano era puramente empírico.

Los resultados del análisis, publicados en el Journal of Archaeological Science: Reports, indican que el uso de heces como medicina persistió hasta la Edad Media. No fue hasta el siglo XVIII cuando se abandonaron estas terapias por el riesgo de patógenos. El hallazgo respalda lo que otros descubrimientos en yacimientos romanos ya sugerían sobre la aplicación práctica de sus conocimientos.

Esta investigación conecta con el uso moderno de trasplantes fecales para restaurar el microbioma intestinal. Aunque hoy se hace bajo control clínico, la base de alterar la salud mediante bacterias tiene raíces antiguas. Al igual que la arqueología moderna desvela secretos en Stonehenge, este frasco permite validar materialmente las recetas de Hipócrates o Plinio el Viejo.

A pesar de lo llamativo del caso, conviene ser escépticos: se trata de un único frasco analizado. La identificación se basa en marcadores químicos y no en restos biológicos completos, lo que deja margen a la interpretación técnica. Además, estas prácticas eran peligrosas; no es raro encontrar botellas antiguas con orina usadas en rituales de la época.

El hallazgo es un paso importante para validar las fuentes históricas, pero no permite generalizar la práctica a todo el Imperio. El estudio revela una realidad escatológica que la arqueología oficial suele evitar por estética. Sobre el papel, la identificación es sólida, aunque los beneficios terapéuticos fueran nulos o contraproducentes para el paciente de aquel entonces.

La medicina romana era una apuesta basada en el ensayo y error sin control sanitario. El ungüentario confirma que los médicos de Pérgamo no solo teorizaban, sino que aplicaban tratamientos con una base biológica muy cuestionable. El hallazgo sitúa este tipo de farmacología en un plano de experimentación física documentada que hasta ahora no existía.

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