Jeep lanza el nuevo Compass en España desde 260 euros al mes con opciones híbridas y eléctricas
Jeep actualiza el Compass con una arquitectura eléctrica que promete hasta 650 km de rango y un chasis más firme para corregir las carencias dinámicas de la generación anterior
El Jeep Compass 2026 llega a España para intentar jubilar la imagen de SUV torpe que arrastraba su predecesor. El fabricante utiliza la base mecánica del Peugeot 3008 para meterse en la pelea contra los generalistas, centrando su plan en una electrificación que ya no es un parche, sino el núcleo real de este todoterreno de 4,55 metros.
La marca americana es conocida por sus 4x4, pero aquí Stellantis emplea su arquitectura STLA Medium para que el habitáculo no sufra al montar baterías bajo el suelo. Esta plataforma permite que el vehículo gestione mejor los pesos en carretera —evitando inercias pesadas— sin renunciar a una altura libre de 200 mm para circular por pistas con solvencia.
Ingeniería para olvidar las inercias del pasado
















La información oficial detalla un chasis que reduce el balanceo de la carrocería un 20 % mediante un ajuste de suspensión firme. Jeep busca así una pisada más cercana a la de un turismo europeo, alejándose de los rebotes secos que penalizaban el confort de marcha cuando el asfalto se volvía irregular o aparecían curvas cerradas en el trayecto.
La oferta mecánica empieza con el bloque e-Hybrid de 145 CV, un sistema que promete hasta 970 kilómetros de autonomía combinada. Jeep sabe que el cliente todavía recela del enchufe exclusivo y recurre a esta tecnología para conseguir consumos contenidos en ciudad sin depender de una red eléctrica, permitiendo que el coche se mueva con soltura diaria.
El salto real aparece en la variante eléctrica pura que firma una autonomía de hasta 650 kilómetros con la batería de mayor capacidad. Conviene entender bien cómo funciona un coche eléctrico para valorar este dato, que sitúa al modelo por delante de muchos rivales directos que apenas rozan los quinientos kilómetros de rango real.
Para quienes busquen rendimiento fuera del asfalto, el sistema 4xe de 375 CV entrega un par de 3.100 Nm a las ruedas. Esta fuerza eléctrica inmediata —heredada de modelos como el Jeep Recon— garantiza que el vehículo supere obstáculos de barro o nieve con una facilidad que los antiguos motores térmicos no podían igualar.
















El habitáculo estira su distancia entre ejes para dejar 20 mm más de hueco a las rodillas, un alivio real para adultos que viajen detrás. El maletero sube hasta los 550 litros, una cifra que por fin iguala la capacidad de carga del Hyundai Tucson y permite meter maletas grandes sin forzar el cierre del portón.
Sobre el salpicadero domina una pantalla de 16 pulgadas con ChatGPT para intentar que el control por voz entienda órdenes naturales. Jeep hereda de Stellantis el sistema de conducción autónoma de Nivel 2, que combina el control de crucero adaptativo con el mantenimiento de carril para descargar de trabajo al conductor en autovía.
Este despliegue técnico busca defender el precio del coche frente a las marcas chinas que ofrecen equipamientos cerrados muy superiores por menos dinero. El fabricante se apoya en servicios conectados de pago para intentar retener a un cliente que, además de tracción total, ahora exige una interfaz digital que no parezca sacada de la década pasada.
El acceso a la gama Altitude cuesta 36.550 euros al contado, mientras que las versiones eléctricas con batería de largo alcance superan los 50.600 euros. Jeep entrega un coche más capaz y mejor aislado, pero cuya competitividad real dependerá de cómo soporte el paso del tiempo su nueva arquitectura electrónica.