Abogados de OpenAI se presentan en los domicilios de detractores con amenazas y exigencias
OpenAI emplea citaciones judiciales y visitas a domicilios particulares para exigir comunicaciones internas de organizaciones críticas en plena reestructuración corporativa
Tyler Johnston, fundador de la ONG The Midas Project, recibió el pasado otoño la visita de representantes de OpenAI en su propia casa para entregarle una citación judicial. El objetivo era exigirle todos los documentos relacionados con la reestructuración de la compañía en una maniobra que no parece ser un caso aislado: al menos otras siete organizaciones críticas habrían sido también objeto de requerimientos similares.
La noticia, adelantada por Futurism, revela que la empresa ha recurrido a las citaciones judiciales para obtener hasta el último mensaje de texto y correo que vincule a estas ONG con los cambios en la estructura societaria de la firma. OpenAI busca rastrear contactos con exempleados, inversores y despachos del Congreso, una presión legal que Johnston describe como intimidante al saber que una de las tecnológicas más potentes del mundo conoce su dirección y se planta en su puerta.
Una batalla legal por el alma de la inteligencia artificial
Esta agresividad jurídica se entiende mejor si miramos la demanda de Elon Musk contra OpenAI, donde el magnate acusa a la empresa de traicionar su misión altruista para convertirse en una entidad puramente comercial. El conflicto ha escalado tanto que Musk exige cifras astronómicas por un supuesto enriquecimiento ilícito, lo que explica que la compañía haya extremado sus precauciones legales ante cualquiera que cuestione sus movimientos internos.
Desde OpenAI han dejado caer que algunas de estas organizaciones críticas podrían estar financiadas por el propio Musk para desestabilizarles. Jason Kwon, director de estrategia de la firma, cuestionó la transparencia de The Midas Project en redes sociales, lo que provocó una respuesta tajante de Johnston: asegura que fundó la organización mucho antes del litigio y que jamás ha recibido un céntimo de Musk.
La presión sobre los críticos llega justo cuando la empresa admite que sus sistemas podrían facilitar ciberataques autónomos, algo que justifica que los organismos de vigilancia estén más atentos que nunca. En paralelo, la firma ha movido ficha en California contra leyes que buscaban limitar el acceso de menores a la IA, logrando que el gobernador vetara las versiones más duras del texto.
Mientras OpenAI busca rentabilizar su tecnología con el lanzamiento de versiones con publicidad de ChatGPT, organizaciones como la de Johnston sufren las consecuencias de estos pleitos. The Midas Project se ha quedado sin seguro de responsabilidad tras hacerse pública la citación; una forma de asfixia indirecta que, según su fundador, busca limitar su capacidad para hablar libremente.
La industria de la IA parece haber aparcado el idealismo para jugar duro. Con la culminación de su reestructuración en octubre, OpenAI ha blindado un modelo de negocio que ya no permite fisuras ni miradas indiscretas. Al final, como dice Johnston, el sector está listo para el choque frontal y los métodos de presión actuales son solo el principio de una etapa mucho más oscura.