China se prepara para conquistar el mundo de los coches eléctricos con su nueva tecnología
Una tecnología más barata y segura que rinde al máximo incluso en las condiciones más extremas del planeta
El gran talón de Aquiles del coche eléctrico no tiene nada que ver con el diseño o la aerodinámica, sino con algo mucho más básico: la química de sus baterías. Durante años, se ha levantado toda una industria alrededor del litio, un material que es caro, escaso y no se lleva muy bien con el frío. Pero el dominio absoluto de este material está empezando a tambalearse. CATL, una fabricante que es un peso pesado en el mundo de las baterías, ya ha sacado sus nuevas celdas Naxtra de ion-sodio. Para ponerlas a prueba en condiciones extremas, se han decantado por hacerlo en Mongolia. Con esto, quieren demostrar que el ingrediente principal, la sal, supone un salto importante en comparación con lo que se usa habitualmente.
Este cambio de rumbo es, en realidad, algo de sentido común. Durante mucho tiempo, la industria se obsesionó con la densidad energética, priorizando los números sobre el papel por encima de cómo funciona un coche en el día a día. Las baterías de litio tradicionales sufren muchísimo cuando el termómetro baja demasiado, perdiendo autonomía y capacidad de repuesta de forma drástica. Aquí es donde el sodio saca pecho: la alternativa de CATL, mantiene una entrega de energía estable incluso a 50 grados bajo cero. Para que no haya dudas, el fabricante Changan Automobile enviará su sedán Avatr 12, equipado con una batería de tecnología Naxtra, a la Antártida. Se espera que el coche circule durante un año y medio en una estación científica china ubicada en el Polo Sur, con el objetivo de demostrar que puede soportar condiciones climáticas que una batería tradicional no aguantaría.
CATL apuesta por el sodio

Este es el sedán Changan Avatr 12
Actualmente, la tecnología Naxtra ya ofrece autonomías de 400 kilómetros, incluso en entornos de 30 grados bajo cero. De hecho, es capaz de entregar casi tres veces más potencia que una batería de litio convencional. Según los ingenieros de CATL, eso no solo hace que el coche sea más resistente, sino que permite que la electrificación funcione de verdad en cualquier rincón del planeta, sin importar el clima. Además, hay un beneficio colateral que nos interesa a todos: la seguridad. El sodio es mucho menos inflamable que el litio, lo que reduce drásticamente el riesgo en un incendio térmico, el cual es muy difícil de apagar. En cuanto al coste de fabricarla, según han publicado en el diario South China Morning Post, todo apunta a que no será nada caro, más bien lo contrario. Hay una razón de peso, y la veremos a continuación.
El precio del litio es muy inestable, un día baja y al siguiente sube. El sodio, sin embargo, abunda en el mar y en la tierra, lo que asegura unos costes mucho más estables y bajos. Aunque todavía queda camino para que esta química supere la inmensa infraestructura que tiene el litio, CATL no ha invertido 1.400 millones de dólares por capricho. Lleva una década preparando este salto y su objetivo es claro, que el coche eléctrico deje de ser un producto de nicho para convertirse en algo que cualquiera pueda permitirse.