Esta marca de fotografía inventó algo parecido a un smartphone antes de que existiera
El experimento de Kodak que nos enseñó cómo sería el futuro de la tecnología de consumo
Mucho antes de que el smartphone se convirtiera en lo que es hoy en día, hubo una época de experimentos extraños y dispositivos que intentaban adivinar qué queríamos llevar en el bolsillo. Uno de los casos más curiosos fue el Kodak MC3, que fue lanzado en 2001. Era un dispositivo compacto y algo confuso por aquel entonces que Kodak promocionó como un dispositivo multimedia portátil que servía para hacer fotos, grabar vídeos cortos y reproducir música en MP3. En aquellos años, ver todas esas funciones juntas era algo casi impensable. Podríamos decir que estaba reservado solo para los amantes de la tecnología o quienes siempre buscaban tener lo último. Eso sí, lo que no tenía era la parte de teléfono.
La innovación tenía un precio, y no era barato. Salió a la venta por unos 229 dólares, que con la inflación de hoy serían más de 400 dólares (algo más de 355 euros al cambio actual). Aunque Kodak acabó bajando el listón para que alguien más lo comprara. A nivel de almacenamiento venía con una tarjeta CompactFlash de solo 16 MB. Vamos, que en cuanto te descuidabas, ya te habías quedado sin espacio.
Un dispositivo multimedia que pasó sin pena ni gloria
Por fuera, el Kodak MC3 era un aparato ligero, de unos 150 gramos, que cabía perfectamente en la palma de la mano. Lo que más llama la atención hoy es que funcionaba con tres pilas AAA. En el frontal llevaba una lente fija bastante sencilla, equivalente a un 37 mm, que sacaba fotos en resolución VGA (640 por 480 píxeles). Como cabría esperar, la calidad no era para tirar cohetes: las fotos se veían con un nivel de detalle realmente bajo. No obstante, es la tecnología que había en aquellos años.
La pantalla era otro cantar. Tenía 1,6 pulgadas y usaba una tecnología reflectante bastante peculiar. ¿Lo bueno? Bajo la luz del sol se veía de maravilla y no gastaba casi batería porque no tenía retroiluminación. ¿Lo malo? Que en cuanto se hacía de noche o intentabas mirarla un poco de lado, no se veía nada. A la hora de grabar vídeo, la cosa tampoco era mucho mejor: grababa a 320 por 240 píxeles y a unos humildes 20 fotogramas por segundo. Los vídeos eran cortos, de apenas unos segundos si no tenías una tarjeta CompactFlash de más de 16 MB, y la cámara sufría con los cambios de luz, llenando la imagen de ruido en cuanto te metías en interiores.
Un dispositivo adelantado a su tiempo
Escuchar música era quizás lo más sencillo. Podías usar auriculares o el altavoz mono que traía integrado. Además, los botones de volumen estaban muy a mano, así que podías ajustarlo sin sacarlo del bolsillo. El problema venía con la gestión de las canciones: solo aceptaba tarjetas formateadas en FAT16 y, si no ponías los archivos MP3 directamente en la carpeta raíz, el reproductor simplemente no los encontraba. Al final, el Kodak MC3 fue un intento valiente, un antepasado algo tosco de lo que hoy todos llevamos encima, pero seguro que en su momento hizo soñar a más de uno con llevar todo su mundo digital en una sola mano.