Grúas pirata: la estafa con las balizas V-16 que la DGT no vio venir
Los estafadores están aprovechando los datos públicos de estos dispositivos para enviar grúas no oficiales y cobrar hasta 300 euros a los conductores
La baliza V-16 nació para salvar vidas. Literalmente. Su objetivo era mejorar la seguridad vial y, sobre todo, evitar que los conductores tuvieran que jugarse el tipo bajándose del coche en mitad de la carretera. Pero apenas unos días después de su entrada en vigor obligatoria, ha aparecido el primer efecto colateral serio: las grúas pirata han comenzado a operar, un nuevo tipo de estafa que aprovecha una grieta inesperada del sistema.
Así funciona el engaño de las grúas pirata
La alerta la ha destapado El Periódico y el modus operandi es tan inquietante como simple. Cuando un conductor activa su baliza V-16, su ubicación pasa a ser información pública accesible a través de un mapa interactivo que puedes ver aquí, alimentado por el Punto de Acceso Nacional de Tráfico y Movilidad de la DGT. De hecho, son los mismos datos que usan Google Maps o Waze para avisar de incidencias en la vía. ¿El problema? Que esa información también está siendo utilizada por terceros con muy malas intenciones.
Los estafadores monitorizan esas ubicaciones en tiempo real y envían grúas no oficiales al lugar de la avería antes de que llegue la asistencia real contratada por el seguro. Se presentan con normalidad, actúan con seguridad, generan confianza… y rematan la jugada con una factura inesperada. Las cantidades no son pequeñas: entre 170 y 300 euros por un servicio que en teoría debería estar cubierto por la póliza. Y en ese contexto de nervios, miedo y, en muchos casos, soledad, hay conductores que acaban pagando.
Los Mossos d’Esquadra ya han tenido que salir a recordar algo básico, pero absolutamente crucial para no caer en este tipo de estafa: solo la aseguradora debe comunicar la llegada de la grúa o que esta se encuentra en camino. Si aparece un vehículo de asistencia por sorpresa, lo sensato es desconfiar y comprobar antes de aceptar nada.
La otra cara de la baliza V-16: privacidad, desconfianza y grietas en el sistema
Todo esto reaviva una polémica que la baliza V-16 arrastra desde su anuncio: la de la privacidad, protección de datos y eficacia real. Y no es el único frente abierto. A esta controversia se suma también que las Balizas V16 tendrán que someterse a revisiones periódicas para seguir siendo válidas, lo que ha generado aún más dudas entre los conductores. Así que, paradójicamente, la propia transparencia del sistema se ha convertido en su propio enemigo.
Mientras tanto, la DGT asegura que todavía no se ha multado a ningún conductor por no llevar la baliza V-16 desde su entrada en vigor. Las cifras que maneja el organismo hablan de unas 27.000 balizas activadas en los primeros días, con una media de 3.000 nuevas activaciones diarias desde el pasado 2 de enero. Aun así, ni Tráfico ni el Ministerio han querido concretar cuándo empezarán realmente las sanciones por no llevar este dispositivo obligatorio.
El dato que no debemos olvidar es que cada año mueren en España unas 25 personas atropelladas tras bajarse del coche por una avería o accidente. Ese riesgo real fue el argumento principal para impulsar la llegada de la baliza V-16. La cuestión ahora es si las autoridades serán capaces de corregir rápido las grietas del sistema antes de que la desconfianza de los conductores vaya a más.