Los paneles solares son el futuro, pero este uso no se lo habían planteado los expertos
Un estudio confirma que la estructura de los paneles solares mejora los cultivos y retiene humedad por sí misma, revelando una utilidad pasiva que la ley ignora
La instalación de paneles solares sobre cultivos tiene una función oculta que va más allá de generar electricidad: actúan como una herramienta agrícola pasiva que mejora las cosechas. Esta conclusión, arrojada por un estudio reciente, choca con la miopía legislativa en Alberta, Canadá, donde han paralizado estas plantas tratándolas con la misma dureza normativa que a los pozos de petróleo abandonados.
Según recoge TechXplore, la sombra parcial que proyectan los paneles crea un microclima que protege del viento y el sol excesivo. Los datos son contundentes: cultivos como las fresas producen hasta un 18% más. Es una optimización del terreno mucho más sensata que las ideas de llevar la producción de energía al espacio, demostrando que la innovación real a veces está en mirar al suelo.
Una herramienta agrícola pasiva
Lo revolucionario del hallazgo es confirmar que el beneficio se mantiene aunque los paneles estén apagados. La estructura física estabiliza la temperatura del suelo y retiene la humedad por sí misma. Es un principio de doble uso muy parecido al de cubrir la superficie de los embalses con módulos flotantes, donde la prioridad es evitar la evaporación del agua necesaria para el riego.
El problema es que la regulación canadiense ignora esta utilidad agronómica. Al imponer fianzas millonarias para la remediación del terreno, bloquean proyectos viables por miedo al impacto visual, sin considerar diseños respetuosos como los sistemas que imitan la forma de los árboles, pensados precisamente para integrarse en entornos naturales sin agredir al paisaje rural.
El contraste internacional es evidente. Mientras países como Italia regulan a favor de esta simbiosis, otros buscan alternativas complejas como llevar la fotovoltaica a alta mar. Bloquear la agrivoltaica en tierra firme implica desperdiciar la capacidad de producir alimentos y energía en el mismo metro cuadrado, ignorando la evidencia científica sobre sus ventajas pasivas.
Al final, el estudio subraya que la agrivoltaica no es una invasión industrial del campo, sino un aliado climático. Si la regulación se adapta a los datos técnicos, los agricultores podrían usar estos sistemas para blindar sus cosechas contra los eventos climáticos extremos, diversificando sus ingresos sin tener que elegir entre sembrar o generar electricidad.