Los satélites Starlink ahora también controlan el tráfico espacial, pero ¿es algo que debería hacer una empresa privada?
Esta red de satélites se ha convertido en el nuevo guardián de la órbita baja
Starlink ya no es solo esa gigantesca red de satélites que sirve para conectarnos a Internet. La compañía de Elon Musk ha decidido que su enorme constelación, que ya roza los 10.000 satélites en órbita y apunta a los 42.000, se puede usar para más cosas. Ahora, SpaceX ha presentado Stargaze, un sistema que aprovecha sus propios satélites para vigilar lo que ocurre allá arriba, convirtiéndose en algo así como un centro de control de tráfico para la órbita baja terrestre. Es un giro inteligente: usar el hardware que ya tienen dando vueltas sobre nuestras cabezas para resolver uno de los problemas más importantes y menos comentados.
Lo más curioso de todo es que para lograr esto no han necesitado añadir cámaras de última generación. Cada satélite Starlink ya viene equipado de serie con rastreadores de estrellas, unos dispositivos que funcionan de forma muy parecida a los antiguos sextantes marinos para que el satélite sepa exactamente dónde está y hacia dónde mira. El truco está en la escala. No es lo mismo tener un sensor analizando el cielo que tener 30.000 cámaras trabajando al unísono. Al conectar toda esta red, SpaceX ha creado una malla de observación constante capaz de detectar y seguir objetos en tiempo real, algo que hasta ahora era un auténtico dolor de cabeza para las agencias espaciales.
Los satélites Starlink ahora tienen una nueva función

Además de dar conexión a Internet, los satélites Starlink ahora también controlan el tráfico espacial
Podríamos pensar que, siendo el espacio tan inmenso, es imposible que dos satélites choquen. Sin embargo, la realidad se parece mucho a lo que ocurre en el mar. Aunque el océano es gigantesco, los barcos tienden a concentrarse en rutas muy específicas y canales estrechos, lo que dispara el riesgo de accidentes. Pues bien, en la órbita terrestre pasa lo mismo. Hasta ahora, dependíamos de radares en tierra y de que cada dueño de un satélite avisara sobre sus cambios de trayectoria, pero los sistemas terrestres son lentos y a menudo se tarda horas en procesar un cambio de ruta. En el espacio, unas pocas horas pueden marcar la diferencia entre una misión exitosa y un desastre total.
Stargaze comparte los datos de forma pública
Para entender la magnitud del problema, solo hay que mirar lo que SpaceX reportó recientemente. En un incidente que pudo terminar en tragedia, un satélite ajeno a la compañía cambió su rumbo de forma inesperada. Los cálculos iniciales decían que pasaría a unos seguros 9 kilómetros, pero el movimiento real lo dejó a apenas 60 metros de un Starlink. De no haber sido por el sistema Stargaze, que detectó el cambio y permitió maniobrar a tiempo, podríamos estar hablando de una colisión que habría llenado la órbita de escombros peligrosos durante meses. Gracias a esta tecnología, SpaceX pudo recalcular la trayectoria en cuestión de minutos, una velocidad de reacción que los radares tradicionales que hay en tierra simplemente no pueden igualar.
A pesar de que Stargaze ya está en fase beta y comparte sus datos de forma pública cada hora, SpaceX tiene claro que esto no es una solución milagrosa que lo resuelva todo por sí sola. La tecnología ayuda, y mucho, pero la seguridad espacial sigue dependiendo de la transparencia. Si las empresas y países no informan de sus movimientos, ni siquiera la red más avanzada del mundo podrá evitar todos los riesgos.