Windows 11 queda en ridículo: pierde contra Windows XP y Vista en casi todas las pruebas de velocidad
Un experimento "poco científico" pero revelador pone cara a cara a seis generaciones de Windows. El resultado es sonrojante para el sistema operativo más moderno de Microsoft
Todos tenemos esa sospecha de que, a medida que los ordenadores se vuelven más potentes, el software se vuelve más pesado, lento y torpe. Y ahora, un youtuber ha decidido poner a prueba esa intuición con un experimento tan loco como fascinante: instalar seis versiones diferentes de Windows en el mismo portátil antiguo para ver cuál es realmente la más rápida.
El canal TrigrZolt ha cogido seis portátiles Lenovo ThinkPad X220 (con un humilde Intel Core i5 de segunda generación, 8 GB de RAM y disco duro mecánico) y ha instalado en ellos desde el mítico Windows XP hasta el actual Windows 11. ¿El resultado? Una cura de humildad para Microsoft.
Windows 8.1 da la sorpresa
La primera prueba, el tiempo de inicio, ya nos deja un titular inesperado. El sistema operativo que arrancó más rápido no fue el ligero XP ni el querido Windows 7. El ganador fue Windows 8.1, gracias a su optimización del inicio rápido.
¿Y Windows 11? El último de la fila. No solo tardó más en arrancar, sino que, como ya es habitual, se tomó su tiempo extra para cargar la barra de tareas y los iconos, mostrando esa pereza que muchos usuarios sufren a diario.
Donde la comparativa se vuelve sangrante es en el consumo de recursos. Windows XP apenas necesita 18,9 GB de espacio en disco con todas las apps de prueba instaladas. Windows 11 devora 37,3 GB, casi el doble.
Pero lo peor es la memoria RAM. En reposo, sin hacer nada, XP se conforma con 0,8 GB. Windows 11, con sus widgets, telemetría y procesos en segundo plano, engulle 3,3 GB solo para estar encendido.
Esto se traduce en una multitarea penosa en hardware antiguo. Mientras que Windows 8.1 fue capaz de abrir la friolera de 252 pestañas de navegador antes de colapsar la memoria, Windows 11 tiró la toalla con solo 49 pestañas. Menos de una quinta parte.
Un sistema operativo creado solo para hardware moderno
En las pruebas de uso real (abrir aplicaciones, renderizar vídeo, transferir archivos), la tónica se mantiene: Windows 11 queda último o penúltimo en casi todo. Pierde contra Windows 10 (lo cual alegrará a las millones de personas que siguen usando esta versión a día de hoy), pierde contra Windows 7 e incluso, en ocasiones, pierde contra el denostado Windows Vista.
Hay que ser justos: esta prueba tiene "trampa". Se ha realizado en un hardware de hace más de una década, con discos duros mecánicos (el talón de Aquiles de Windows 10 y 11) y componentes para los que el sistema actual no está optimizado.
Sin embargo, el experimento sirve para ilustrar una realidad: el software moderno es terriblemente ineficiente. Hemos normalizado que un sistema operativo imponga unos requisitos técnicos excesivos y que se necesiten al menos 8 GB de RAM y un SSD NVMe solo para "sentirse" fluido, mientras que hace años hacíamos lo mismo con una fracción de esos recursos.
Windows 11 está diseñado para aprovechar las últimas CPUs y SSDs, y en un PC nuevo vuela. Pero ver cómo un portátil viejo se mueve con más agilidad con Windows 8.1 que con lo último de Redmond debería hacer reflexionar a los ingenieros de Microsoft sobre qué están metiendo en nuestro sistema operativo.