He probado Spotify Lossless: cumple con el estándar, pero llega tarde

El esperado audio sin pérdidas llega por fin a Spotify. Lo he probado en uso real y lo he comparado con las plataformas que llevan años apostando por la calidad

He probado Spotify Lossless: cumple con el estándar, pero llega tarde
Spotify suma reproducción en calidad CD a su catálogo, pero lo hace en un mercado donde el lossless ya no es una novedad y la competencia ha ido varios pasos por delante
Por por Sergio Agudo

Normalmente nunca rompo mis propias normas, pero cuando se anunció Spotify Lossless tenía que saber si la plataforma iba a cumplir con lo que prometía. No suelo escribir sobre funciones anunciadas a bombo y platillo ni sobre mejoras que llegan cuando el mercado ya ha cambiado de fase. Menos aún cuando se trata de promesas largamente aplazadas, repetidas durante años y envueltas en un discurso vacío que sólo asomaba cuando a la plataforma se le criticaba por no estar al nivel de otras competidoras. Precisamente por eso este texto existe: porque Spotify llevaba demasiado tiempo diciendo que iba a dar el paso.

Cuando Spotify habló por primera vez de audio sin pérdidas, el contexto era otro. La calidad de sonido empezaba a convertirse en un argumento competitivo real y plataformas como Tidal ya estaban utilizando el lossless como elemento diferenciador. En aquel momento, la promesa tenía sentido como respuesta estratégica, no como revolución. Spotify no iba a inventar nada nuevo, pero sí podía evitar quedarse atrás en un terreno que empezaba a importar a una parte cada vez más vocal de sus usuarios.

Conviene aclarar también desde dónde escribo. Llevo años sin usar Spotify de forma habitual, en parte por su maltrato continuado a los artistas, especialmente a los independientes, y en parte porque no me resulta cómodo apoyar económicamente a una compañía cuyo hasta hace no tanto CEO invertía en drones operados con IA para fines militares. No es una postura moralizante ni una llamada a la desinstalación, pero sí un marco necesario para entender por qué mi relación con la plataforma es hoy, como mínimo, distante.

La respuesta corta es que el modo sin pérdidas de Spotify funciona y cumple con lo que promete a nivel técnico. El problema es que lo hace en un momento en el que cumplir ya no basta. El mercado ha normalizado el audio de mayor calidad y los usuarios que realmente lo valoran llevan tiempo tomando decisiones en función de otros factores. Spotify llega, sí, pero lo hace sin ventaja y sin cambiar las reglas del juego.

Qué prometía Spotify Lossless (y por qué ya nacía con presión)

He probado Spotify Lossless: cumple con el estándar, pero llega tarde

Spotify Lossless promete resoluciones de hasta 24 bits y 44,1 KHz de frecuencia de muestreo

Spotify anunció por primera vez su modo de audio sin pérdidas a comienzos de 2021, en un momento en el que la conversación sobre calidad de sonido empezaba a ganar peso dentro del streaming musical —y ya había voces diciendo que Spotify, objetivamente hablando, no sonaba bien—. No fue un anuncio improvisado ni especialmente ruidoso, pero sí claro en su intención: la plataforma iba a ofrecer reproducción en calidad CD como parte de su catálogo. El mensaje era sencillo y, en apariencia, suficiente para responder a una demanda que llevaba tiempo creciendo entre los usuarios más exigentes.

Sin embargo, desde el primer momento, el anuncio venía acompañado de un nivel de indefinición llamativo. Spotify hablaba de audio sin pérdidas, pero evitaba concretar formatos, tasas de bits o condiciones técnicas más allá de lo estrictamente necesario. Tampoco había fechas cerradas ni un calendario creíble de despliegue. En un sector acostumbrado a lanzar funciones de forma muy medida, esa vaguedad no pasaba desapercibida y dejaba la sensación de que la promesa estaba todavía verde.

La presión no venía solo del lado de los usuarios. Para entonces, varios de sus principales competidores ya ofrecían audio sin pérdidas como parte de su propuesta estándar, sin sobrecostes ni discursos grandilocuentes. Apple Music había integrado el lossless de forma transversal en su catálogo, Tidal llevaba años construyendo su relato alrededor de la calidad y Qobuz había hecho del sonido su principal argumento de marca. Spotify no llegaba a un terreno virgen, sino a uno ya bastante transitado.

Eso situaba el anuncio en una posición incómoda. Spotify no estaba marcando el ritmo del mercado, sino reaccionando a él. Su promesa no aspiraba a tener un relato distinto al de la competencia, sino a cerrar una brecha que empezaba a ser demasiado evidente. El mensaje implícito no era “vamos a hacerlo mejor”, sino “vamos a dejar de hacerlo peor”, lo cual cambia bastante la lectura del movimiento.

Visto con perspectiva, Spotify Lossless nacía más como una corrección estratégica que como una apuesta transformadora. Era una función necesaria para sostener su posición dominante, no una palanca para ampliarla. Y cuando una promesa parte ya de esa premisa, el margen para sorprender al usuario es, por definición, limitado.

Cómo he probado Spotify Lossless (condiciones reales, no ideales)

He probado Spotify Lossless: cumple con el estándar, pero llega tarde

El Eversolo DMP-A10, el streamer en el que he hecho mis pruebas en escucha estacionaria | Imagen: Sergio Agudo

La prueba de Spotify Lossless no la he planteado como un experimento de laboratorio ni como un test ciego obsesionado con aislar variables hasta el absurdo. La he abordado como escucho música habitualmente: en sesiones largas, con discos completos, y en contextos donde el sonido no es un fin en sí mismo, sino parte de una experiencia más amplia. El objetivo no era demostrar nada, sino comprobar si el cambio tenía sentido en condiciones reales de uso.

Para ello he utilizado equipos que conozco bien y que llevo tiempo usando con otras plataformas de streaming: el stack de Fosi Audio, las torres Teufel Ultima 40 y el streamer de referencia Eversolo DMP-A10, con el amplificador de auriculares FiiO K19 y unos auriculares planares FiiO FT5. No hay aquí hardware exótico ni configuraciones extremas, pero sí sistemas lo suficientemente resolutivos como para no convertirse en el cuello de botella de la prueba. La escucha se ha realizado tanto con auriculares como con altavoces, priorizando siempre cadenas en las que la conversión digital-analógica y la amplificación no introducen coloraciones evidentes.

La comparación se ha hecho alternando Spotify Lossless con otros servicios que ya ofrecen audio sin pérdidas desde hace tiempo, utilizando las mismas grabaciones y, en la medida de lo posible, igualando niveles de volumen. No de forma simultánea, pero sí en intervalos lo bastante cortos como para que la memoria auditiva no juegue malas pasadas y con un bloc de notas y un lápiz cerca. En resumidas cuentas, misma metodología que cuando comparé el transporte de CD con un reproductor integrado. No se trata de cazar matices imposibles, sino de detectar diferencias consistentes.

También es importante señalar qué no he hecho. No he buscado pistas “de demostración” pensadas para resaltar microdetalles ni he limitado la prueba a géneros acústicos o grabaciones audiófilas. He escuchado música tal y como está producida hoy: rock, metal, electrónica, pop contemporáneo y grabaciones con dinámicas muy distintas. Porque si el modo sin pérdidas no aporta nada ahí, difícilmente lo hará en el día a día de la mayoría de usuarios.

Con este enfoque, Spotify Lossless no se enfrenta a un tribunal técnico, sino a su propio contexto de uso. La pregunta no es si suena mejor en abstracto, sino si suena lo bastante mejor —o diferente— como para justificar su llegada tardía y su encaje dentro de un mercado que ya ha normalizado este tipo de calidad.

Qué ofrece realmente el modo sin pérdidas de Spotify

He probado Spotify Lossless: cumple con el estándar, pero llega tarde

Activación de Spotify Lossless

A nivel estrictamente técnico, Spotify Lossless cumple con lo que cabe esperar de un modo de reproducción sin pérdidas en 2026. La plataforma ofrece audio en calidad CD, con archivos FLAC a 24 bits y 44,1 kHz —muy poco comparado con la competencia, que llega hasta 192 KHz a 24 bits, pero suficiente para dar lo que promete—, lo que supone eliminar la compresión con pérdida que caracteriza al modo “Muy alta” tradicional de Spotify. No hay aquí resoluciones elevadas ni aspiraciones audiófilas extremas, pero sí un salto claro respecto al Ogg Vorbis habitual.

La activación del modo sin pérdidas es sencilla y está bien integrada en la aplicación, conviviendo sin problema con el resto de opciones de calidad. Basta con acceder al menú de ajustes, entrar en el apartado de calidad de audio y seleccionar la opción sin pérdidas tanto para reproducción en streaming como para descargas. Spotify permite definir este ajuste de forma independiente para conexiones Wi-Fi y datos móviles, lo que facilita adaptar el consumo a cada contexto sin renunciar al modo de mayor calidad cuando tiene sentido.

Y todo esto está bien, pero aquí aparece el primer problema frente a la competencia: en Spotify debe ser el usuario quien active manualmente el modo sin pérdidas, mientras que en el resto de plataformas ya viene habilitado por defecto. Spotify acierta al activar automáticamente el modo de mayor calidad cuando estamos conectados a una red Wi-Fi —como hace Tidal, por ejemplo—, pero resulta sorprendente para mal que sea necesario este paso adicional. Es redundante y poco elegante, como si la plataforma dijera: "hay una forma de hacer que tu música suene mejor, pero no te la voy a ofrecer de entrada por si prefieres que todo siga igual".

Por suerte, en el uso diario Spotify Lossless se comporta de forma estable y predecible. No he detectado cortes, errores de buffering ni comportamientos erráticos atribuibles al nuevo modo, incluso en sesiones largas y con cambios frecuentes de pista. El consumo de datos aumenta, como es lógico, pero lo hace dentro de márgenes razonables y coherentes con el estándar CD. No hay sorpresas desagradables ni decisiones extrañas en segundo plano.

Desde el punto de vista sonoro, el cambio respecto al modo con pérdida de mayor calidad de Spotify es perceptible, aunque no transformador. Hay una mejora ligera en la limpieza general, una presentación algo más relajada y una reducción de ese velo sutil asociado a la compresión con pérdida, especialmente en pasajes densos. Los transitorios suenan con más empaque y mayor contundencia. No es un salto que vaya a llamar la atención en una escucha casual, pero sí uno que se aprecia cuando el sistema acompaña y el oído está entrenado.

Y ahí está, precisamente, el límite de la propuesta. Spotify Lossless no pretende impresionar ni redefinir la experiencia de escucha. Su objetivo es cumplir con un estándar que el mercado ya ha asumido como mínimo aceptable en ciertos segmentos. Lo hace de forma correcta, sin errores graves ni decisiones cuestionables, pero también sin aportar nada que lo distinga más allá de su mera existencia. Y eso es un problema.

Frente a la competencia: llegar cuando el debate ya está cerrado

He probado Spotify Lossless: cumple con el estándar, pero llega tarde

Qobuz es de las plataformas que mejor suena y la que más catálogo Hi-Res tiene a su disposición

Comparar Spotify Lossless con sus principales rivales no es especialmente complicado, porque el terreno lleva tiempo bien delimitado. Mi referencia diaria no es Spotify, sino Tidal, que utilizo tanto en movilidad, como en un streamer de gama alta en mi oficina . Precisamente por eso, mi regreso a Spotify ha sido puntual y exclusivamente motivado por esta prueba. Una vez terminado el test, no hay un motivo real para seguir utilizándolo.

Apple Music fue probablemente el primer gran servicio en normalizar el audio sin pérdidas como algo estructural y no como una función añadida. La integración del lossless —y del audio de alta resolución— se produjo de forma transversal, sin sobrecostes y sin convertirlo en un argumento constante de marketing. Está ahí, activado por defecto, y forma parte de una estrategia de ecosistema que asume que el usuario quiere la mejor calidad disponible sin tener que pedirla.

Tidal y Qobuz juegan en otra liga, más explícitamente orientada a usuarios exigentes. En ambos casos, la calidad de sonido no es un complemento, sino el eje de la propuesta. El audio sin pérdidas es el punto de partida, no un extra, y eso se traduce tanto en la forma de presentar el catálogo como en la coherencia entre escucha en movilidad y en sistemas domésticos de alto nivel. Es una continuidad que Spotify todavía no logra.

Incluso Amazon Music, con una experiencia de usuario históricamente menos refinada, entendió hace tiempo que el lossless había dejado de ser un elemento diferenciador para convertirse en un mínimo exigible. Ofrecer audio en calidad CD y superior como estándar no la convierte en la mejor plataforma, pero sí evita una fricción innecesaria con el usuario que ya da por sentado ese nivel de calidad.

En este contexto, Spotify Lossless no compite realmente en sonido, porque la igualdad técnica ya estaba asumida antes de su llegada. Compite en percepción y en coherencia, y ahí parte con desventaja. No porque suene peor —no lo hace—, sino porque llega cuando el debate ya está cerrado y cuando los usuarios que valoran este aspecto han aprendido a tomar decisiones en función de algo más que el simple formato. Spotify cumple, pero lo hace jugando una partida que otros llevan tiempo dando por resuelta.

Para quién tiene sentido Spotify Lossless (y para quién no)

He probado Spotify Lossless: cumple con el estándar, pero llega tarde

Eversolo DMP-A6 reproduciendo Spotify a través de Spotify Connect

Para el usuario que nunca ha salido de Spotify, el modo sin pérdidas tiene todo el sentido del mundo. Es una mejora objetiva respecto al sonido que ofrecía hasta ahora la plataforma y no exige cambiar hábitos, bibliotecas ni algoritmos de recomendación. Activarlo supone obtener un plus de calidad sin sobrecostes y sin replantearse nada más. En ese escenario, Spotify Lossless cumple exactamente la función que se espera de él.

También puede tener sentido para quien dispone de un equipo de audio competente pero no tiene un apego especial a ninguna plataforma concreta. Si Spotify ya era su servicio principal, el salto al lossless elimina una de las pocas desventajas técnicas claras frente a la competencia. No convierte a Spotify en la mejor opción para ese perfil, pero sí evita que el sonido sea el factor decisivo para marcharse.

Donde el encaje empieza a ser problemático es en el caso del usuario que ya dio el paso hacia otras plataformas buscando mayor calidad o una propuesta más coherente con su forma de escuchar música. Para quien utiliza a diario servicios como Tidal o Qobuz, tanto en movilidad como en sistemas domésticos de cierto nivel, Spotify Lossless no ofrece un motivo real para volver. Llega demasiado tarde y sin aportar nada que no esté ya mejor resuelto en otros entornos.

En ese punto, Spotify Lossless deja de ser una cuestión de formato o de calidad de audio. No falla por cómo suena ni por cómo funciona, sino porque llega cuando muchos usuarios ya han reorganizado su forma de escuchar música en torno a otras plataformas. Para ellos, esta mejora no cambia hábitos ni corrige carencias reales, simplemente llega tarde.

Correcto, pero demasiado tarde

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Escuchas en Spotify Lossless durante mis pruebas

Spotify Lossless funciona. Suena como debe sonar un servicio de streaming en calidad CD en 2026 y no presenta fallos técnicos, problemas de estabilidad ni decisiones especialmente cuestionables en su implementación. Desde ese punto de vista, la plataforma cumple con lo prometido. El problema es que llegar a ese nivel hoy ya no es un logro, sino un requisito mínimo.

Cuando Spotify anunció por primera vez el audio sin pérdidas, todavía había margen para que esa mejora tuviera un impacto real en el mercado. Ese margen se ha ido cerrando con el tiempo, a medida que otros servicios integraban el lossless de forma natural y sin convertirlo en un acontecimiento. Spotify no llega a inaugurar nada ni a corregir una anomalía, llega a alinearse con un estándar que otros llevan tiempo dando por sentado.

Eso condiciona inevitablemente la lectura de este lanzamiento. Para quien sigue utilizando Spotify como plataforma principal, el modo sin pérdidas es una mejora bienvenida y objetiva. Para quien ya migró buscando mayor calidad o una propuesta más coherente con su forma de escuchar música, no hay aquí un motivo real para volver. Spotify Lossless no cambia hábitos ni introduce ventajas nuevas; simplemente elimina una desventaja que ya existía.

En ese sentido, el modo sin pérdidas de Spotify es un movimiento defensivo, no una declaración de intenciones. No redefine la experiencia, no altera el equilibrio del mercado y no reposiciona a la plataforma frente a sus competidores más directos. Funciona, suena bien y llega cuando tenía que haber llegado. Y eso, en un mercado que ya ha pasado página, no es suficiente.

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