Pagas 99 dólares al mes para que tu coche intente tirarte a un lago: el último vídeo viral que deja en evidencia el piloto automático de Tesla

Un vídeo viral reabre el debate sobre los límites reales del sistema de conducción autónoma de Tesla y la responsabilidad del conductor

Pagas 99 dólares al mes para que tu coche intente tirarte a un lago: el último vídeo viral que deja en evidencia el piloto automático de Tesla
El sistema Full Self-Driving de Tesla, disponible por 99 dólares al mes, vuelve a estar en el punto de mira tras un vídeo viral que muestra un supuesto fallo al acercarse a un lago
Publicado en Movilidad

Un vídeo, más de un millón de reproducciones y una pregunta que incomoda y mucho: ¿hasta qué punto podemos confiar en que un coche conduzca “solo”? Esta semana, un propietario de Tesla aseguró que su vehículo intentó meterse en un lago mientras utilizaba la versión más reciente del sistema Conducción Autónoma Total (FSD). Lo grabó, lo publicó en Internet y la polémica explotó en cuestión de horas.

Según el conductor, el coche circulaba con la versión 14.2.2.4 del software cuando, de manera inesperada, comenzó a dirigirse hacia el agua. El vídeo muestra cómo el sistema aparentemente no interpreta correctamente el entorno hasta que el conductor interviene. Y ahí está la clave: interviene. Porque, aunque el nombre sugiera lo contrario, el sistema de Conducción Autónoma Total sigue siendo un sistema de asistencia de nivel 2. ¿Qué significa esto? Que el conductor nunca puede quitar las manos del volante ni la atención de la carretera.

Un nombre demasiado ambicioso

El problema no es solo el fallo puntual. Todos los sistemas avanzados de asistencia cometen errores. El verdadero debate gira en torno a la expectativa que genera el nombre “Conducción Autónoma Total”. Para muchos usuarios, suena a conducción autónoma verdadera. Para los entes reguladores, no lo es.

Tesla cobra actualmente 99 dólares al mes por acceder a este paquete en formato de suscripción. No es una función experimental gratuita, sino un servicio premium. Eso eleva el listón de exigencia. Si estás pagando cada mes por una tecnología que promete facilitarte la vida, lo mínimo que esperas es que no te dirija hacia un lago.

Una lista de incidentes que no deja de crecer

El caso se suma a otros episodios recientes en los que vehículos con FSD activado han protagonizado situaciones riesgosas: cambios de carril hacia tráfico en sentido contrario, choques contra obstáculos o maniobras inesperadas en cruces.

En Estados Unidos, la NHTSA (la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en Carretera) mantiene investigaciones abiertas sobre millones de vehículos Tesla tras vincular decenas de incidentes con el uso de Autopilot y FSD. Algunas investigaciones se centran en comportamientos como saltarse semáforos en rojo o invadir carriles contrarios.

Mientras tanto, Tesla continúa defendiendo que su sistema es el más avanzado dentro de los asistentes de nivel 2. Y es cierto que, en muchos contextos, ofrece una experiencia sorprendentemente fluida. Pero el margen entre lo impresionante y lo peligroso puede ser muy estrecho cuando hablamos de conducción real.

¿Error puntual o síntoma de algo mayor?

La realidad es que es fácil viralizar un vídeo y convertirlo en símbolo de todo un sistema. También es cierto que millones de kilómetros se recorren cada día con estas funciones activadas sin incidentes graves. Sin embargo, cada fallo llamativo vuelve a poner sobre la mesa la misma pregunta una y otra vez: ¿Está el marketing yendo por delante de la tecnología?

Tesla ha prometido durante años una conducción completamente autónoma y “sin supervisión”. En la actualidad, esa promesa sigue sin materializarse. Y ahora, además, el modelo por suscripción refuerza la idea de que el sistema es un servicio en evolución, no una capacidad cerrada y garantizada.

El vídeo del coche acercándose peligrosamente al lago no es solo una anécdota viral. Es un recordatorio de que, por muy sofisticados que sean los algoritmos, la última responsabilidad sigue siendo humana. Y quizá, mientras eso no cambie, el término “conducción autónoma” seguirá generando más debate que confianza.

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