Microsoft vuelve a romper instalaciones con la última actualización de Windows: equipos que no se apagan y no hibernan

Microsoft reconoce un nuevo error en la última actualización de Windows 11 que impide el apagado o la hibernación, provocando que los equipos se reinicien de forma inesperada

Microsoft vuelve a romper instalaciones con la última actualización de Windows: equipos que no se apagan y no hibernan
El fallo obliga al sistema a entrar en suspensión en lugar de cerrarse por completo, un problema técnico vinculado a la gestión de energía que afecta especialmente a los portátiles
Publicado en Windows
Por por Sergio Agudo

Microsoft ha vuelto a demostrar que actualizar Windows 11 es una actividad de riesgo para la paciencia del usuario. Tras el último parche obligatorio, varios equipos han olvidado cómo ejecutar algo tan básico como el apagado o la hibernación. El sistema ignora la orden del usuario y, en lugar de cerrar sesión, opta por reiniciarse solo o entrar en una suspensión que mantiene los ventiladores girando.

La noticia llega desde Neowin, donde nos cuentan que en Redmond han tenido que incluir este bug en su lista de problemas conocidos. De momento no hay una solución real, solo investigaciones que apuntan a un conflicto entre el código del parche y la gestión de energía. El resultado es un equipo que parece tener vida propia y que se niega a quedar en estado de reposo absoluto.

El historial de parches que rompen el sistema

Este error no es un caso aislado, ya que Windows 11 llegó repleto de fallos que afectaban desde el audio hasta la estabilidad general. Aquí el problema es que el sistema entra en un bucle al intentar volcar la memoria al disco. Al no completar el proceso, el kernel interpreta que debe volver a arrancar, frustrando cualquier intento de ahorrar batería en equipos portátiles o estaciones de trabajo.

La situación es especialmente sangrante si recordamos que otros fallos recientes bloquean las actualizaciones de seguridad, dejando al usuario vendido. No es la primera vez que la propia Microsoft tiene que recomendar que no instalemos una versión concreta. Estamos ante una arquitectura de actualizaciones que parece parchear un agujero mientras abre tres nuevos en funciones que dábamos por sentadas hace veinte años.

Es cierto que estas entregas de software solucionan problemas de seguridad críticos, pero el peaje técnico empieza a ser inasumible. Para un usuario medio, que su PC no se apague es un fallo de diseño que ninguna mejora en el cifrado puede compensar. La dependencia del arranque rápido vuelve a ser la sospechosa habitual de estas pesadillas que impiden que el hardware descanse de verdad. Y luego se extrañan de que distribuciones Linux como Zorin OS tengan más usuarios que nunca.

Mientras esperamos un parche que arregle al parche anterior, la única solución factible es desactivar las opciones de energía avanzada desde el panel de control. Windows 11 confirma así su posición como un software impredecible donde la estabilidad de las funciones más mundanas —como dejar el ordenador apagado por la noche— sigue siendo una asignatura pendiente para Microsoft en el mercado actual.

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