Loewe Leo, análisis: así suenan los auriculares más premium del mercado
Un análisis a fondo de unos auriculares que apuestan por el detalle, el diseño y una experiencia exigente, lejos de fórmulas universales
Loewe ha sido una irrupción inesperada en el mundo del audio. No del todo si se tiene en cuenta su trayectoria en el audiovisual de lujo, pero cuando se presentaron los Loewe Leo sí recuerdo pensar que el exotismo que irradiaba la unidad invitaba, casi obligaba, a querer probarla. La firma alemana ha volcado en estos auriculares prácticamente todo el arsenal inalámbrico disponible y buena parte de su ingeniería, así que la curiosidad estaba más que justificada.
Cuando surgió la oportunidad de realizar este análisis de los Loewe Leo, era difícil decir que no. Y lo que me he encontrado no dista tanto de lo que sentí cuando visité el Showroom de Bowers & Wilkins en Barcelona, aunque aquí trasladado al formato de unos auriculares. No solo por lo evidente —los Leo cuestan 1.300 euros—, sino porque su propuesta sonora no es inmediata y requiere un cierto periodo de adaptación. En mi caso, el oído necesitó tiempo para recolocarse.
Y ahí está una de las claves del producto. A pesar de su precio, de la enorme cantidad de funciones que integra, de su diseño y de la calidad de sus componentes, son unos grandes auriculares, pero no son perfectos. Su enfoque está muy definido, y no necesariamente va a encajar con todo el mundo a la primera. A partir de aquí entramos ya, sin más rodeos, en el análisis en profundidad de esta unidad, donde detallo con calma sus aciertos y sus limitaciones.
+ Pros
- Muy buena calidad de sonido
- Nivel de detalle muy alto
- Autonomía destacable
- Gran cantidad de controles físicos
- App complementaria útil y necesaria
- Contras
- Predilección excesiva por medios y agudos
- Reconexión Bluetooth mejorable
- Firma sonora exigente, no apta para todos los oídos
- Precios

- Precio de los Loewe Leo y dónde comprar
- Ficha técnica de características
- Diseño
- Calidad de sonido
- Software y controles
- Batería y carga
- Mejores alternativas a los Loewe Leo
- Conclusión
Precio de los Loewe Leo y dónde comprar
Los Loewe Leo pueden conseguirse en la web oficial de Loewe, así como en retailers especializados como Amazon.
Loewe | Comprar Loewe Leo (1.300 €)
Ficha técnica de características
| Especificaciones | |
|---|---|
| Tipo de producto | Auriculares inalámbricos over‑ear de diadema con cancelación activa de ruido adaptativa y diseño cerrado |
| Conectividad | Bluetooth 5.3 con LE Audio, alcance aprox. 10 m y conexión multidispositivo |
| Resistencia | Certificación IP53 (resistencia a polvo y salpicaduras ligeras) |
| Drivers | 1× driver dinámico de 50 mm por lado con diafragma OCE (Olefin Composite Elastomer) |
| Respuesta en frecuencia | 20 Hz – 20 kHz (±3 dB), compatible con audio Hi‑Res inalámbrico y por cable |
| Cancelación de ruido | Cancelación activa de ruido adaptativa con modo transparencia y ajuste inteligente según el entorno |
| Micrófonos | Micrófonos integrados para llamadas manos libres, control de voz y funcionamiento del ANC |
| Autonomía (música) | Hasta 65 h de reproducción con ANC desactivado (batería 3,7 V / 660 mAh) |
| Carga | Carga vía USB‑C, con DAC integrado para reproducción digital hasta 24‑bit/192 kHz por cable |
| Códecs compatibles | SBC, AAC, LC3, LC3plus (Hi‑Res Audio Wireless hasta 24‑bit/96 kHz) |
| Perfiles Bluetooth | A2DP, AVRCP, AVDTP, AVCTP, GAVDP, HFP, HID, HSP, LE Audio |
| Latencia y modos | Compatibilidad con audio de baja latencia configurable, modo transparencia y audio espacial con Dolby Atmos y Spatial Audio |
| Funciones inteligentes | Traducción en tiempo real con IA, asistente personal de voz, notas inteligentes, Mimi Sound Personalization, multipunto y app Loewe Leo |
| Controles | Mandos físicos tipo rueda en las copas y superficies táctiles para volumen, reproducción, ANC, modos de sonido y llamadas |
| Aplicación | App Loewe Leo: ecualizador, personalización de sonido Mimi, ajustes de ANC/transparencia, actualización de firmware y gestión de dispositivos |
| Diseño y peso | Diseño plegable con estuche de transporte; peso aprox. 360 g |
| Fecha de lanzamiento | 2025 |
| Precio | 1.300 € |
Diseño


















Algo que debe quedar claro desde el primer minuto es que, nada más sacar de la caja los Leo, supe que estaba ante unos de los auriculares más premium que han pasado por mis manos. El diseño alemán aquí se despliega en todo su potencial: todo es sobrio, funcional y deliberado. No hay gestos superfluos, pero tampoco frialdad industrial. Son bonitos, aunque no intentan serlo. Incluso me atrevería a decir —a riesgo de equivocarme— que tienen un punto casi brutalista. Son descaradamente alemanes, en definitiva.
La elección de materiales refuerza esa primera impresión. Las copas están fabricadas en aluminio anodizado con acabado mate, combinado con cuero en la diadema y en las almohadillas. En mano, el conjunto transmite solidez y coherencia: no hay piezas que chirríen, ni zonas que parezcan rebajadas para ajustar costes. Todo tiene peso, presencia y una sensación de objeto bien ensamblado, más cercana a un producto de alta relojería industrial que a unos auriculares pensados para agradar a primera vista.
Uno de los rasgos más distintivos del diseño de los Leo está en el exterior de las copas, donde se integran dos diales sinfín, uno por lado. No son un simple recurso estético: tienen un tamaño generoso, un moleteado marcado y una resistencia al giro muy bien calibrada, lo que permite usarlos con precisión sin necesidad de mirar. A nivel visual refuerzan esa idea de producto serio y funcional, y a nivel práctico se convierten en el eje de la interacción diaria con los auriculares.
A esos diales se suman un botón físico en cada copa, algo cada vez menos habitual en un mercado obsesionado con los controles táctiles. Aquí, Loewe apuesta claramente por la interacción mecánica. De fábrica, y sin necesidad de usar la aplicación, es posible controlar encendido y apagado, emparejamiento Bluetooth, reproducción, llamadas, volumen, salto de pista, avance y retroceso, así como los modos de cancelación de ruido y transparencia. El esquema de controles está bien pensado y convierte a los Leo en unos auriculares que pueden utilizarse de forma plenamente autónoma, algo que se agradece especialmente en un producto de este precio.

Detalle de una copa magnética desacoplada | Imagen: Sergio Agudo
El diseño también apuesta por la modularidad real. Las almohadillas son magnéticas, se pueden retirar con facilidad y volver a colocar sin esfuerzo, pero quedan firmemente ancladas una vez en su sitio. No se caen ni transmiten fragilidad, y ese sistema facilita tanto el mantenimiento como un posible reemplazo futuro por desgaste. Es un detalle poco visible, pero muy importante en unos auriculares concebidos para durar.
La diadema sigue la misma lógica. Visualmente es limpia y continua, con acolchado generoso y un sistema de ajuste que deja ver elementos metálicos en los puntos críticos. Todo apunta a una construcción pensada para resistir el uso prolongado, no solo para lucir bien en una foto de producto. El conjunto resulta cómodo en contacto con la cabeza, con una distribución del peso bien resuelta pese al tamaño y a los materiales empleados.
El apartado de presentación tampoco se descuida. El unboxing es exactamente el que se muestra en la web del fabricante: caja cuidada, estuche rígido, funda adicional de cuero, cables y documentación. No hay sorpresas, pero sí una sensación clara de producto completo, sin depender exclusivamente del uso inalámbrico ni obligar al usuario a comprar accesorios aparte para sentir que todo encaja.
Eso sí, conviene matizar una cosa importante. Aunque el diseño físico y el sistema de controles permiten usar los Leo sin pasar por la app, la aplicación es imprescindible si se quiere sacar todo el partido a los auriculares. Teniendo en cuenta su firma sonora, la ecualización y, sobre todo, el ajuste de personalización de sonido no son un extra, sino una necesidad real para afinar la experiencia. El diseño permite prescindir del móvil; el sonido, no tanto.
Calidad de sonido

Los Loewe Leo tienen una firma sonora que prioriza la claridad por encima del impacto | Imagen: Sergio Agudo
Los Loewe Leo no son unos auriculares para todo el mundo. Cuando hablamos de los FiiO FX15 dije algo parecido, pero conviene matizar que los motivos aquí son distintos, especialmente en lo que respecta a la afinación. Aquellos IEM recurrían a drivers electrostáticos dedicados exclusivamente a los agudos, mientras otras unidades se encargaban del resto del espectro, lo que daba como resultado un perfil más equilibrado y fácil de asimilar.
En los Loewe Leo el planteamiento es mucho más simple sobre el papel: un único driver dinámico de 50 mm. Bien ejecutada, esta solución puede ofrecer una reproducción coherente, con buena extensión y una escena natural. En este caso, sin embargo, la afinación apuesta claramente por un rango medio-alto muy protagonista, priorizando claridad, presencia y sensación de detalle por encima de una base grave más física o envolvente.
No se trata de una limitación del transductor —el grave está ahí y aparece cuando se le deja espacio, ya sea mediante ecualización o tras un ajuste cuidadoso—, sino de cómo se distribuye la energía a lo largo del espectro. De partida, el perfil resulta luminoso y exigente, y obliga a intervenir si se busca un balance más natural, algo especialmente evidente en escuchas prolongadas o con grabaciones comprimidas.
Lo interesante es que, una vez corregido ese reparto, el sonido no pierde definición ni se vuelve apagado. Al contrario, la escena se mantiene abierta y con buena resolución, lo que refuerza la idea de que el transductor tiene margen de sobra y que el carácter final responde más a decisiones de afinación y control que a una carencia técnica.
Por eso antes equiparaba la experiencia de escucha con estos auriculares a la que tuve en la central de Bowers & Wilkins en España: esta unidad parece pensada para usuarios con un perfil audiófilo muy marcado, más que para el oyente casual. De nuevo, se priorizan el detalle y la claridad por encima del impacto físico inmediato.
Escuchar a Gregory Porter con los Leo me ha acercado a una dimensión especialmente humana de su voz. Las Seeger Sessions de Springsteen permiten apreciar con facilidad el entramado de instrumentos acústicos, y algo similar ocurre con la Quinta Sinfonía de Beethoven, donde la lectura resulta limpia y muy definida. La pregunta es inevitable: ¿qué ocurre cuando salimos de ese territorio y los enfrentamos a otros géneros?
Conviene señalar que estas escuchas llegaron después de pasar por mi material habitual. En los géneros en los que suelo moverme —muy alejados de los que suelen tomarse como referencia en entornos más audiófilos—, la preferencia por la claridad y el detalle puede comprometer la escena si no se trabaja vía app. Para obtener un resultado más equilibrado es necesario intervenir en el ecualizador y, antes de eso, completar el proceso de personalización de sonido Mimi, que aquí no es un añadido opcional, sino una parte esencial de la experiencia.

Detalle de las cápsulas de los Loewe Leo | Imagen: Sergio Agudo
Donde los Loewe Leo brillan de forma incuestionable es en la separación de capas y planos sonoros. Puede parecer redundante decirlo después de insistir tanto en su nivel de detalle, pero discos como Stratosfear de Tangerine Dream o Irrlicht de Klaus Schulze adquieren una nueva lectura gracias a esa capacidad para ordenar y aislar cada elemento sin colapsar la escena.
A ello se suma una implementación de Dolby Atmos sorprendentemente bien resuelta. Escuchar Absolute Elsewhere de Blood Incantation en su versión de sonido espacial resulta especialmente coherente con la intención del propio grupo —algo que han explicado en varias entrevistas—. Tener a la banda, con Paul Riedl al frente, desplegando su discurso desde distintos puntos de un campo sonoro en 360 grados eleva la experiencia de forma tangible. Puede que sea una de las pocas veces en las que una implementación de Atmos en auriculares me ha parecido no solo correcta, sino plenamente justificada.
¿Lo más asombroso? Que, cuanto más tiempo paso usando los Loewe Leo, más ganas tengo de seguir haciéndolo. Están teniendo un efecto curioso sobre mi forma de escuchar música: el énfasis en la claridad y el detalle me ha ido abriendo una ventana distinta a grabaciones que creía bien conocidas. Y, de momento, no me canso de asomarme a ella.
Conviene añadir un último matiz que ayuda a entender mejor el potencial real de los Loewe Leo. Más allá del uso inalámbrico, los auriculares pueden utilizarse por cable USB-C con su DAC interno, lo que permite reproducción digital directa de hasta 24 bits / 192 kHz. En este modo, desaparecen las limitaciones propias de la transmisión Bluetooth y el sonido gana en estabilidad, limpieza y control, especialmente en pasajes complejos o con mayor densidad armónica.
Lo interesante es que, incluso en este escenario más “puro”, el carácter de los Leo se mantiene. No hay un cambio radical de firma sonora, pero sí una mayor sensación de control y una escena algo más asentada, lo que vuelve a poner el foco en la afinación como factor determinante. El driver demuestra tener margen de sobra y responder bien cuando se le elimina ruido de la cadena, reforzando la idea de que las decisiones tonales pesan más que las limitaciones técnicas del conjunto.
Dicho de otro modo: el modo cableado con DAC integrado no transforma a los Leo en otros auriculares distintos, pero sí confirma que hay calidad estructural detrás y que el transductor está a la altura cuando se le ofrece una señal más limpia. Es un añadido coherente con su planteamiento audiófilo y una opción muy a tener en cuenta para escuchas críticas o de larga duración.
Software y controles






























Como ocurre con prácticamente todo lo relacionado con los Loewe Leo, en el apartado del software hay mucha tela que cortar. No exagero al decir que, aunque los auriculares pueden manejarse sin problema desde los controles físicos, la app Loewe Leo es imprescindible para sacarles todo el partido. No se limita a acompañar al producto: aporta funciones y ajustes que, se usen más o menos, marcan una diferencia clara en la experiencia final y terminan siendo un valor añadido real.
Ya que he hablado antes de la personalización de sonido, conviene empezar por ahí. Puede que estemos ante uno de los sistemas más coherentes que he probado hasta la fecha. No se trata de restarle méritos al Personi-Fi de JBL, pero la implementación de Loewe resulta especialmente interesante. La app realiza una audiometría en tiempo real, en la que incluso hay que ajustar un ruido de fondo hasta acercarlo lo máximo posible al umbral de escucha real del usuario. A partir de ahí se corrigen determinadas frecuencias de forma individualizada y, al menos en mi caso, el resultado es claro: este paso es fundamental para empezar a entender cómo suenan realmente los Leo.
El siguiente punto clave es la ecualización, prácticamente obligatoria para convivir con esta unidad. Dado su perfil claro y analítico, no queda más remedio que buscar un punto en el que la escucha se acerque más a las preferencias de cada oído. Se trata de un ecualizador gráfico de cinco bandas, sencillo pero bien planteado, que actúa sobre las frecuencias clave. Funciona, aunque personalmente habría agradecido un mayor grado de granularidad para afinar todavía más el resultado.
El control por voz es, sencillamente, brillante. Es posible dirigirse directamente a los auriculares mediante un conjunto de comandos predefinidos y pedirles que ejecuten distintas acciones. No lo he probado en entornos públicos —confieso que no me veía dándoles órdenes en mitad de la calle—, pero en casa el funcionamiento ha sido impecable, rápido y sorprendentemente fiable.
Desde la app también se puede acceder al asistente de IA de Loewe, previo consentimiento explícito para compartir datos con el fabricante —algo por lo que yo no he pasado—. Además, permite configurar la cancelación de ruido, la conexión multipunto, el audio espacial y distintos atajos en los controles físicos. Algunas opciones resultan algo redundantes, ya que también están disponibles vía control por voz, pero son detalles menores que parecen más propios de una app todavía en evolución que de un fallo de planteamiento.
En conjunto, la companion app suma muchos enteros a la experiencia de uso de los Loewe Leo. No me parece prescindible ni meramente testimonial, como ocurre en otros análisis con aplicaciones de este tipo. No es la mejor del mercado —en ese terreno JBL sigue jugando en otra liga—, pero sí se sitúa claramente entre las más completas y mejor pensadas que he probado hasta la fecha.
Batería y carga

Detalle del conector de carga de los Loewe Leo
La autonomía es uno de los apartados donde los Loewe Leo juegan claramente a favor. Con hasta 65 horas de reproducción con la cancelación activa desactivada, se sitúan muy por encima de la media del segmento, incluso frente a modelos claramente más orientados al gran público. No es una cifra pensada para lucirse en una tabla, sino para olvidarse del cargador durante días de uso real.
Con la cancelación activa de ruido activada, la autonomía se reduce, como es lógico, pero sigue siendo sólida para un auricular con este nivel de procesamiento y funciones activas. El consumo es estable y predecible, sin caídas abruptas ni comportamientos erráticos, algo que se agradece especialmente en un producto tan cargado de electrónica.
En cuanto a la carga, los Loewe Leo recurren a USB-C, con tiempos razonables y sin sorpresas. No incorporan sistemas de carga rápida especialmente agresivos ni soluciones propietarias, pero cumplen con lo esperado para su batería de 660 mAh, priorizando la longevidad y la fiabilidad frente a cifras llamativas de marketing.
En conjunto, batería y sistema de carga encajan bien con el planteamiento general de los Leo. La autonomía elevada reduce fricciones en el día a día y refuerza la idea de auricular pensado para escuchas largas y continuadas. No es el apartado más vistoso del conjunto, pero sí uno de los que mejor sostienen la experiencia a largo plazo.
Mejores alternativas a los Loewe Leo
Arrancamos las alternativas a los Loewe Leo con los Sony WH-1000XM5. Aunque aquí hablamos de auriculares cerrados inalámbricos más generalistas, los XM5 se mueven en el mismo segmento premium con cancelación activa de ruido muy agresiva, conectividad fiable y un sonido general equilibrado y fácil de disfrutar con casi cualquier género. No tienen la misma “personalidad analítica” de los Loewe, pero su capacidad para gestionar ANC en entornos ruidosos y una escena sonora convincente los convierten en una apuesta más segura si priorizas versatilidad y confort de uso diario sin complicaciones.
Seguimos con los Bowers & Wilkins Px8 S2, que sí se mueven en el mismo universo inalámbrico premium cerrado con ANC que los Loewe Leo. Su perfil sonoro es más cálido y redondo de entrada, con un grave más presente y una escena envolvente sin perder definición. Son menos analíticos y menos exigentes que los Leo —lo que los hace más accesibles con géneros amplios—, pero a cambio ofrecen una experiencia global más equilibrada de fábrica, con un ANC y una presentación general que complementan muy bien a su firma sonora.
Conclusión
Los Loewe Leo no son unos auriculares universales, ni pretenden serlo. Su planteamiento es muy concreto y está atravesado por decisiones claras en diseño, afinación y experiencia de uso. Eso los sitúa automáticamente fuera del radar del oyente casual, pero también les permite ofrecer algo distinto dentro de un segmento donde muchos productos acaban pareciéndose demasiado entre sí.
El sonido es el eje de todo el conjunto, para bien y para mal. La apuesta por la claridad, el detalle y la separación de planos define la experiencia desde el primer momento y condiciona el resto del uso. No es una afinación complaciente ni inmediata, y exige tiempo, ajustes y una cierta predisposición por parte del oyente. Una vez trabajados, los Leo se muestran coherentes y consistentes, pero nunca intentan esconder su carácter.
El diseño, los controles físicos, la autonomía y la construcción acompañan bien esa idea de producto deliberado. No hay sensación de improvisación ni de concesiones evidentes, aunque tampoco todo está perfectamente resuelto. La dependencia de la app para afinar el sonido y algunos detalles de conectividad recuerdan que estamos ante una primera iteración ambiciosa, no ante un producto cerrado y definitivo.
Con un precio de 1.300 euros, los Loewe Leo no se justifican por comparación directa con alternativas más populares, sino por afinidad. Son unos auriculares pensados para quien valore una escucha atenta, para quien disfrute ajustando y entendiendo cómo suena un producto, y para quien no busque que todo funcione “bien” desde el primer minuto. No son fáciles, pero son coherentes. Y aun así, el precio sigue siendo el elemento más difícil de asumir dentro del conjunto.
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