¿Merece la pena cambiar el móvil cada año? Siete razones para no hacerlo

Condensamos en siete los motivos por los que no debes renovar tu Android anualmente (o por los que, para nosotros, ya no tiene sentido).

¿Merece la pena cambiar el móvil cada año? Siete razones para no hacerlo

El panorama de los smartphones ha cambiado mucho desde sus inicios hace una década. Desde que los antiguos teléfonos "no inteligentes" empezaron a incorporar aspectos multimedia, quedó muy claro que los móviles se iban a convertir en ordenadores de bolsillo.

La diferencia fundamental en el desarrollo de los smartphones y el de los PCs es que los saltos tecnológicos se han sucedido en un período de tiempo mucho menor. En poco más o menos una década nos hemos encontrado con dispositivos ya casi maduros, mientras que los ordenadores personales necesitaron muchísimo más tiempo para llegar hasta donde están hoy en día.

Ese salto tecnológico que se producía en un espacio de tiempo tan corto prácticamente obligaba a cambiar a un teléfono nuevo cada año, aunque hoy en día ya no es así. Si nos lo permites, déjanos contarte por qué.

Se innova y se evoluciona a un ritmo más lento

¿Merece la pena cambiar el móvil cada año? Siete razones para no hacerlo

Las diferencias entre un terminal actual y uno de una generación anterior son poco significativas

Lo decíamos al inicio del artículo: hoy en día los dispositivos móviles están prácticamente maduros. ¿A qué nos referimos con esto? A que la lista de novedades que llegan a una nueva versión del dispositivo se reduce a pequeños cambios que muchos usuarios ni siquiera llegan a notar. Ya hace unos años que aquí mismo nos planteábamos si la evolución de los smartphones no estaría en un punto muerto.

Pongamos un ajemplo rápido. Cuando Samsung lanzó el primer Galaxy S y después hizo lo propio con el Galaxy S2, los incrementos en memoria RAM, memoria interna y en capacidad de proceso de un teléfono a otro hacían que fuese muy atractivo cambiar a la generación posterior: esto suponía un terminal más rápido, con más memoria para instalar aplicaciones sin necesidad de recurrir a una tarjeta microSD particionada (algo antes casi obligatorio), con una cámara con mejoras sustanciales para la época y la compatibilidad con redes móviles más rápidas.

Hoy en día, las diferencias entre dos flagships de años diferentes y de un mismo fabricante no son tan fácilmente apreciables. Siguiendo con el ejemplo de Samsung, si tienes un Galaxy S20, seguro que a día de hoy sigue siendo perfectamente útil y funcional tal y como está. Puede que hasta tú mismo te hayas dado cuenta de que, sólo a nivel de máquina, tienes teléfono para unos cuantos años aún.

Teléfonos de gama media hechos para durar

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El Xiaomi Redmi Note 11 Pro es uno de los gama media más potentes del mercado

Cuando compré mi primer Android lo hice sin saber muy bien dónde me estaba metiendo. Acabé con un HTC Explorer que, no vamos a engañarnos, no era lo que se dice un prodigio. Las gamas media y de entrada de los primeros tiempos de Android eran enormes fuentes de frustración.

Estos teléfonos no sólo se quedaban obsoletos muy rápidamente (sobre todo cuando el fabricante decidía que no iba a ofrecer soporte para ellos a la primera de cambio), sino que implicaban problemas de rendimiento y espacio en la memoria interna que eran más una certeza, que una probabilidad.

Hoy en día eso ha cambiado mucho. Al mismo tiempo que las actualizaciones de las aplicaciones se han ido haciendo cada vez mayores, las capacidades de estos teléfonos han aumentado en consecuencia.

Es más, hace tiempo que la gama media de Android se ha cimentado como uno de los sectores del mercado más fuertes de todos los dispositivos del sistema operativo del robot verde. Para muestra, un botón.

Esto ha provocado que los fabricantes hayan dejado de centrarse sólo en los topes de gama, extendiendo el suporte a la gama media y asegurándose de que se recibirán actualizaciones durante varios años.

Las baterías pueden aguantar sanas al menos dos años

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La batería no marca tanto la diferencia entre generaciones actualmente

Es cierto que las baterías de ion-litio de los smartphones se deterioran con el tiempo, pero eso no significa que debas reemplazar tu teléfono un año después de comprarlo. En la mayoría de casos, las baterías de los terminales móviles aguantan dos años perfectamente funcionales.

La mayoría de fabricantes han conseguido hacer de la salud de las baterías una ciencia. Pongamos, por ejemplo, que el uso intensivo de tu teléfono da para diez horas de autonomía. Con un año de deterioro, todavía serás capaz de llegar a una cifra cercana a las nueve horas y media. No es tan grave como pueda parecer.

Además, siempre puedes optar por cambiar la batería de tu teléfono en un servicio técnico. Esta operación es muchísmo más económica que comprar un teléfono nuevo, y además de suponer un buen ahorro de dinero puede alargar la vida de tu terminal unos años más. Por si fuera poco, los teléfonos hoy cuentan con una gran autonomía, por lo que se reduce también el deterioro al tenerlos que cargar cada más tiempo.

Los topes de gama son cada vez más caros

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El Samsung Galaxy Z Fold 4 tiene un prohibitivo precio de casi 2000 euros

Los precios para acceder a los modelos tope de gama son cada vez más prohibitivos. Quienes compran uno de estos dispostivos, realizan un desembolso de dinero del que, en muchas ocasiones, no se han recuperado de un año para otro. Es difícil que alguien que se ha gastado ya casi 2.000 euros en el Samsung Galaxy Z Fold 4 en 2022, haga lo propio en 2023 (lo que no significa que no haya quien lo haga).

No es un problema exclusivo del tope de gama plegable de los coreanos; lo hemos observado en otros fabricantes y otros modelos. Además, no hay muchas diferencias significativas a nivel de hardware de un año para otro entre modelos de una misma gama como ya establecimos al principio.

Ya en 2018, en medios como Android Central, se analizaba si valía la pena pasar del Samsung Galaxy S8 al Samsung Galaxy S9. La conclusión final arrojaba como dato que quienes tenían un S8 probablemente no comprarían un S9, sino que seguramente esperarían un par de generaciones antes de cambiar de terminal porque, a fin de cuentas, ambos teléfonos no tenían grandes diferencias significativas. Si eso ya pasaba hace unos años, imaginad qué pasa ahora que la fabricación, construcción y diseño de smartphones está en su punto más álgido.

Las mejoras en la cámara no justifican un teléfono nuevo

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Las cámaras no varían mucho de un año a otro

Una de las muchas razones por las que alguien querría reemplazar su terminal anualmente es conseguir una cámara mejor y más avanzada. Ya sea a través de la óptica o a través de software y procesado digital, es cierto que los fabricantes han hecho del asunto de la fotografía y el vídeo algo con lo que vender más unidades históricamente.

La pregunta que deberíamos hacernos es la siguiente: ¿necesitamos imperiosamente una cámara que sólo es un poco mejor que la que ya tenemos? Cualquier teléfono de gama media decente ya cuenta con una buena cámara con un buen nivel de detalle y, por supuesto, no hace falta hablar de las cámaras de los flagships.

Estos sensores ópticos ya son lo suficientemente buenos por sí mismos desde hace unas cuantas generaciones. Pueden aguantar perfectamente unos años haciendo un muy buen trabajo, por lo que reemplazarlos con sólo un año de vida no tiene mucho sentido.

Sí, puede que algunos fabricantes aparezcan con alguna función realmente innovadora como fue el caso de Space Zoom de Samsung, pero son excepciones poco habituales.

No necesitas el procesador más potente para tu día a día

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El Dimensity 9000+ es la joya de la corona de MediaTek

Con cada actualización los fabricantes ha ido llevando los procesadores un paso más allá. Hoy en día contamos con chips rapidísimos en la forma del Qualcomm Snapdragon 8+ Gen 1 y el MediaTek Dimensity 9000+, que están llamados a realizar los cálculos de las principales unidades topes de gama.

En el pasado, este paso adelante de los procesadores importaba muchísimo debido a que la evolución de estos chips fue lenta (al principio). Por eso mismo, cada nueva generación tenía un impacto considerable y los teléfonos más antiguos se veían en seguida privados de soporte y actualizaciones.

En la actualidad esto ya no sucede. Los teléfonos que ya tienen unos cuantos años siguen siendo capaces de funcionar más que bien con las últimas versiones de las apps más populares, incluso reciben actualizaciones del sistema operativo de forma más o menos frecuente.

Puede que un procesador de la actual generación sea un 10% más rápido que el de la generación anterior, pero es que en la mayoría de casos no vas a notar la diferencia. Es más, es posible que con el uso común de un terminal ni siquiera llegues a necesitar la plena potencia de tu procesador. Y es que no, no necesitas el último y más potente Snapdragon para mirar Twitter e Instagram.

Sostenibilidad, porque no hay planeta B

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No renovar el smartphone anualmente es una forma de reducir la huella ecológica

Puede parecer una perogrullada, pero los usuarios tendemos a no tener en cuenta la cuestión medioambiental. La fabricación y el uso de smartphones deja una huella ecológica en nuestro planeta: cuanto más rápido cambiamos de teléfono, más contribuimos a que esta aumente.

Por una mera cuestión de responsabilidad y sostenibilidad, si no es necesario reemplazar nuestro terminal por uno más nuevo, es mejor no hacerlo. Sí, siempre podrías reciclar tu teléfono antiguo, pero eso seguirá teniendo una huella ecológica mayor que si evitas hacerlo si es innecesario.

Es cierto que hay dispositivos respetuosos con el medio ambiente, pero el primer paso para ayudar a reducir el impacto del uso de tecnología en nuestro planeta debe partir de nosotros.

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